«Su carácter era inestable y al hablar de religión su cara se volvía diabólica»

A veces se hacía llamar Adrian Elms o Jalid Choudry. Era hijo de madre soltera, una mujer llamada Janet Ajao, de 69 años, que vende bolsos en Gales y dice sentirse en estado de «shock» al ver el motivo por el que su hijo sale ahora en las portadas a ambos lados del Atlántico. Nació el día de Navidad en Dartford, Kent, y se crió en Rye, un pequeño pueblo de Sussex. Trabajó como profesor de inglés en Arabia Saudí en 2005 y se anunciaba como «británico, amigable y accesible». Así le recuerdan muchas de las personas que lo conocían. Pero algunos vecinos destacan su personalidad inestable, «cambiante», y que le mudaba la cara, se volvía «diabólica» al hablar de religión. Poco a poco se van conociendo más detalles de Jalid Masud, el responsable del atentado terrorista contra Westminster que, al cierre de esta edición, había dejado ya cuatro muertos.

Según revelaba ayer el tabloide «The Sun», el yihadista se casó en 2004 con la musulmana Farzana Malik «y su vida cambió dramáticamente». Aunque no queda claro si su conversión al islam se produjo entonces o más tarde en algún punto de Londres, Sussex, Luton o West Midlands, donde fue mudando su residencia. Este último condado alberga la ciudad de Birmingham, la segunda población más grande del país, con una enorme comunidad musulmana. Un informe de la Agencia Nacional de Estadística publicado en 2014 revelaba que los niños musulmanes nacidos allí superaban ya en número a los cristianos (34,7% frente al 33,7%).

De 52 años y padre de tres hijos –un perfil que dista del «mártir terrorista»–, Masud había sido investigado por los servicios secretos del MI5 hace más de una década. Fue detenido en varias ocasiones, la mayoría de ellas por agresiones. Su currículo delictivo se remonta al año 1983. La última condena fue en 2003, por posesión de arma blanca (tras acuchillar a un hombre en la cara). Pero nunca había sido vinculado a causas terroristas. En la actualidad, de hecho, no estaba en el punto de mira de los servicios secretos, que lo consideraban una «figura periférica». Sin embargo, el miércoles, con un vehículo y dos cuchillos, sembraba el pánico en la capital británica atentando con el símbolo clave de la democracia más antigua de Europa. Eran las 14:45 hora local cuando arrolló con su vehículo todoterreno a los viandantes que cruzaban el puente de Westminster, uno de los más transitados de la ciudad, dejando a su paso un reguero de víctimas, para a continuación estrellar el coche contra la verja que rodea el Parlamento de Westminster. Fue entonces cuando abandonó el coche y corrió hacia el edificio parlamentario, donde apuñaló mortalmente al policía Keith Palmer, de 48 años y padre de dos hijos, antes de ser abatido, acto seguido, por disparos de otros agentes.

La turista estadounidense Staci Martin mostraba en las redes sociales a modo de tributo la fotografía que se hizo con el agente tan sólo 45 minutos antes de ser asesinado. «Me llamó la atención el gorro de su uniforme y le pedí por favor si podía hacerme una foto con él. Accedió sin problemas, muy amable. Creo que la familia merecía tener la imagen», manifestó. En el ataque, 50 personas resultaron heridas, de las que 31 fueron atendidas en el hospital. Ayer dos seguían en estado crítico y se teme por la vida de una tercera.

El Estado Islámico (EI) reivindicó al día siguiente el ataque. Sin embargo, los expertos consideran el mensaje del grupo terrorista como «oportunista», ya que era una información muy general y solo se referían al autor como «uno de sus soldados». Los analistas coinciden ahora en que hay que repensar la prevención del terrorismo yihadista cambiando, por ejemplo, los criterios –como el de la edad– con los que se elaboran las listas de sospechosos capaces ejecutar atentados y el procedimiento por el que se decide vigilar de cerca a unos y no a otros.

La noche antes de cometer el atentado, el terrorista se alojó en el Hotel Preston Park de Brighton (sur de Inglaterra), en una habitación por la que pagó 59 libras (alrededor de 68 euros). Su gerente, Sabeur Toumi, lo recuerda «riendo, bromeando y siendo educado» antes marcharse. «Me voy a Londres, la ciudad ya no es lo que era antes», dijo el yihadista. Ahora las palabras cobran más significado que nunca. Los trabajadores del hotel lo describen como «muy inglés, pero mezcla de culturas y con la típica barba de musulmán». «Nos dijo que había estado ya en Londres y en Gatwick (donde se encuentra el segundo aeropuerto más transitado de la capital británica)», comentó un empleado.

Según los medios locales, el terrorista se había alojado en el mismo hotel el viernes anterior, por lo que no se descarta que pudiera haberse reunido allí con alguien que le hubiera dado instrucciones para perpetrar el atentado. El rotativo «Evening Standard» revela además que una mujer dice haber visto al terrorista semanas antes del atentado en un apartamento del Parque Olímpico, en Stratford, al suroeste de Londres. Scotland Yard, que continúa con la investigación, había registrado al cierre de esta edición cinco propiedades y concluido el registro de otras 16. El número de material incautado asciende a 2.700 objetos. Como parte de la investigación, los agentes han hablado con 3.500 testigos, entre ellos mil que estaban en el puente de Westminster y 2.500 delante del Palacio de Westminster. Por otra parte, se ha detenido a once personas –dos muy «significativos», según la Policía–, de los cuales diez seguían ayer en prisión. Nueve de ellos son sospechosos de estar preparando atentados terroristas, entre ellos una mujer. Otra fue puesta en libertad tras pagar una fianza.

El jefe de la unidad antiterrorista de Scotland Yard, Mark Rowley, explicó ayer que la investigación estaba centrada en entender «la motivación, la preparación y los asociados» que tenía Masud para atentar, así como establecer si éste actuó solo, se inspiró en propaganda terrorista o si contó con ayuda. «Queremos escuchar a cualquiera que conociera a Masud bien, que sepa quiénes eran sus asociados y puedan facilitarnos información sobre los lugares que visitó recientemente», dijo. Scotland Yard también defendió que los dispositivos de seguridad que protegen el Parlamento son «proporcionados» frente a los que cuestionan que el acceso constituye un punto débil, al permanecer el portón abierto durante la mayor parte del día.

via La Razón España

Marzo 25th, 2017 by
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