Julio Borges explicó ayer al presidente de la Eurocámara, Antonio Tajani, y a la alta representante de la Política Exterior de la UE, Federica Mogherini, la grave situación que vive Venezuela. El presidente de la Asamblea Nacional reclamó en Bruselas que la UE adopte una posición más dura con el Gobierno de Nicolás Maduro. El Parlamento Europeo es la institución comunitaria que ha mostrado un mayor grado de compromiso con las crisis del país caribeño y ha votado cinco resoluciones en las que condena al régimen de Maduro. Los Veintiocho, sin embargo, se han mostrado menos beligerantes. El último texto aprobado –a instancias de España– pide la celebración de elecciones y apuesta por seguir manteniendo el diálogo con Caracas, a la que exige la liberación de presos políticos.

–¿Qué pide a las autoridades europeas con respecto a la crisis política de Venezuela?

–Queremos explicar que la Asamblea Constituyente anunciada por el Gobierno no es otra cosa que la continuación del golpe de Estado de Maduro, un proceso no democrático que viola la propia Constitución. Queremos que vaya pronto una comisión de la Eurocámara a Venezuela para constatar lo que está sucediendo. Queremos también que se considere la violación de derechos humanos con sanciones a título personal. Además, de acuerdo a lo que suceda en la Organización de Estados Americanos (OEA) en las próximas horas, esperamos el proceso de creación de un grupo de países que puedan ayudar a establecer una agenda democrática con la Unión Europea también presente.

–Los países europeos, sin embargo, son muy prudentes. Prefieren presionar y mantener los puentes abiertos. ¿Comparte el enfoque?

–Hay que tener claro que la violación de derechos humanos no tiene fronteras y es algo que tiene que tener un castigo personal. Hay ya 60 personas muertas por la violencia y la represión. No es incompatible que exista la presión y los vínculos Estado-estado para lograr un cambio en el país.

–Goldman Sachs ha comprado 2.500 millones de bonos de deuda de la empresa estatal venezolana PVDSA. Usted ha enviado una carta a esta entidad financiera porque considera que es un balón de oxígeno para el régimen. ¿Ha recibido algún tipo de explicación directa de Goldman Sachs?

–No. Este tema es muy importante. El Gobierno venezolano, de manera ilegal, sin pasar por el control parlamentario, está adquiriendo deudas y negocios petroleros y mineros. Y esos negocios son nulos y serán anulados. En segundo lugar, se trata de negocios en los que el Gobierno venezolano está pagando un desfalco. En el caso de Goldman Sachs, ellos obtienen un provecho de hasta el 300% del préstamo que le están haciendo a Venezuela. Es increíble, por un monto de dinero el país está pagando tres veces más. Eso lo terminan pagando los venezolanos, los jóvenes, y la mayoría de ese dinero va a la corrupción. El tema más importante es el ético: las propias normas de Goldman Sachs hablan de que no pueden financiar gobiernos que violan los derechos humanos.

–¿Cómo es posible que esto se haya producido?

–Lamentablemente, la ética en el mundo de los negocios es nula o ha desaparecido. Ellos han mandado cartas, han dicho a través de emisarios que no sabían lo que estaba pasando. Se han hecho los inocentes, pero el mensaje tiene que ser muy claro. A punta de sangre y de robar el dinero a los venezolanos no me parece lícito que nadie pueda hacer el mejor negocio del mundo.

–Una de las teorías es que Goldman Sachs está comprando deuda venezolana porque confía en la caída del Gobierno de Maduro y en que estos bonos se revaloricen en un futuro. ¿Cree que este préstamo indica que el Gobierno chavista está llegando a su fin?

–Ese argumento es el más cínico que se puede dar. Están proporcionando oxígeno a una dictadura, pero ahora dicen que le están haciendo un favor a Venezuela. Saben que cometieron un error y que no sólo es un error moral sino un error de consecuencias financieras y políticas. Creo que el Gobierno de Maduro está en una fase final, lleno de contradicciones: no tiene apoyo popular, gobernabilidad, autoridad. Pero, precisamente en estos momentos, pedimos solidaridad en todos los ámbitos: político, internacional o financiero para que en Venezuela haya un desenlace democrático.

–¿Qué pueden hacer para frenar la nueva Constitución?

–La Asamblea Constituyente ha nacido muerta. Maduro está convirtiendo este proceso en algo salvaje y, al mismo tiempo, está viviendo sus últimas horas. Ojalá estuviera en la humildad, la sensatez y la sabiduría de ser un facilitador del cambio. Con la Constituyente va a salir igualmente del poder, pero el proceso va a ser más difícil, traumático y costoso para el pueblo venezolano.

–¿Hay garantías de que en 2018 se celebren elecciones libres?

–Ninguna. Maduro quiere quedarse en el poder para siempre, como Raúl Castro o cualquiera de los dictadores. Es importante que en el caso venezolano entendamos algo: no es de izquierdas ni de derechas. No es un problema ideológico, es de dictaduras. Las dictaduras no tienen ideología. Maduro habla todo el día de Salvador Allende, pero actúa como Augusto Pinochet.

–En Venezuela hay un amplia colonia de emigrados españoles que están volviendo a Europa. ¿Cuál es su mensaje para ellos?

–Yo mismo soy hijo de inmigrantes españoles que llegaron a Venezuela con la Guerra Civil. Venezuela recibió a gente de toda Europa: italianos, portugueses, españoles… Ahora los más jóvenes se van tristes del país. Creo que cuando haya un cambio estas personas, que son millones, volverán porque están huyendo de la miseria debido a la dictadura.

via La Razón España