Es una de las técnicas científicas más prometedoras del momento. Una herramienta de edicion genética que ha dado titulares, valido premios científicos y alisado la carrera de más de uno y una hacia el Nobel. El CRISPR-Cas9, el llamado corta pega genético, es un proceso de intervención celular que ha sacudido los cimientos de la genómica. Ya saben, porque en estas páginas se ha glosado suficientemente, que consiste en la edición de la secuencia de información de los genes. El cribado, selección y corte de unidades con información determinada para ser eliminadas o cambiadas por otras, la correción de los defectos en dicha información que pueden conducir a enfermedades genéticas incurables y su sustitución por otras sanas.

La técnica empieza a dar sus primeros pasos en ensayos clínicos y, por lo tanto, empieza a querer dar la cara más importante: determinar si lo que estaba previsto en la teoría y confirmado con los primeros ensayos con ratones también puede validarse con humanos.

Y en ese proceso, acaba de llegar un estudio publicado en Nature Methods que puede suponer el primer jarro de agua fría en la prometedora tecnología. El estudio demostraría que esta manipulación puede generar cientos de mutaciones inintencionadas e inesperadas en los genes tratados.

El coautor del trabajo y experto de la Universidad de Columbia Stephen Tsang ha sido categórico: «creemos crítico que la comunidad científica considere los potenciales riesgos a los que se expone a la célula de mutaciones descontroladas, incluidas mutaciones de nucleótido simple y de regiones no codificantes del genoma». En otras palabras, la técnica CRISPR podría ser el punto de ignición de una reacción en cadena para los genes que nadie desea.

La noticia llega en el peor momento… o en le mejor, si se trata de prevenir riesgos, ahora que el primer ensayo clínico está en marcha en China, y que Estados Unidos se programa otro para 2018.

El trabajo ahora publicado alerta de un problema serio en la técnica: CRISPR puede tratar directamente determinados tramos de ADN, pero, en ocasiones, la manipulación afecta a otras partes del genoma. Para determinar si esto ocurre se utilizan algoritmos informáticos capaces de identificar las áreas más probables de ser afectadas

«Estos algoritmos predictivos – explica uno de los autores del estudio – anticipan que CRISPR se comporta correctamente cuando la edición se realiza en células o tejidos laboratorio, pero hasta ahora no se había buscado en toda la secuencia de genoma en animales vivos». El estudio, titulado Mutaciones inesperadas después de la edición en vivo con CRISPR-Cas9, (Unexpected mutations after CRISPR-Cas9 editing in vivo), ha secuenciado el genoma de ratones a los que se había sometido a la prometedora técnica.

Los investigadores hallaron que CRISPR había corregido con éxito un gen que causa la ceguera, por ejemplo, pero también señalaron que los genomas de dos receptores independientes de terapia génica habían sufrido más de 1.500 mutaciones y más de 100 pérdidas de información. Ninguna de estas mutaciones de ADN fueron predichas previamente por los algoritmos informáticos supuestamente encargados de ello.De ese modo, los investigadores que no están usen la secuenciación del genoma entero para encontrar estas mutaciones y que se basen en la mera labor predictiva de la tecnología, podrían estar desestimando importantes alteraciones, efectos secundarios no conocidos. Incluso un solo cambio de nucleótidos puede tener un impacto enorme en el desarrollo y la salud del individuo.

Los autores del trabajo aseguran que, a pesar de detectar esas mutaciones, no aparecen síntomas obvios en el comportamiento de los animales y que todavía son optimistas respecto a CRISPR, pero «debemos saber que cada nueva terapia tiene algunos efectos secundarios potenciales y necesitamos saber cuáles son antes de proponerla como futura solución médica».

via La Razón España