Queda sólo una semana para las elecciones generales y nada está saliendo como Theresa May tenía previsto. Aprovechando la guerra civil de la oposición laborista y el mal momento por el que atravesaban las formaciones minoritarias que llegaron a poner en jaque al bipartidismo, la líder «tory» adelantó los comicios para fortalecer su liderazgo y mejorar su débil mayoría, sustentada en tan sólo 17 diputados, de cara a las negociaciones del Brexit.

Pero lo que se veía inicialmente como un mero trámite y una victoria histórica sin esfuerzo podría llegar a convertirse ahora en misión imposible. Tras dos semanas viendo acortarse peligrosamente su ventaja con los laboristas, un polémico sondeo advirtió ayer que los «tories» no sólo no conseguirán más escaños, sino que incluso podrían perder hasta 20, frente a los 30 que podrían ganar los de Jeremy Corbyn.

Los conservadores se quedarían, por tanto, a 16 escaños de la mayoría absoluta de 326 (que se reduce al no ocupar el Sinn Fein sus escaños) que necesitan para gobernar sin el apoyo de otros partidos. De acuerdo con la encuesta de YouGov publicada por «The Times», esto provocaría lo que en Reino Unido se conoce como «Parlamento colgado». Ocurrió ya en los comicios de 2010, en los que los conservadores de David Cameron debieron formar una coalición con los liberal demócratas. Sin embargo, ahora la situación sería sumamente compleja debido a los programas tan distintos que han presentado las fuerzas políticas para llevar a cabo el divorcio con Bruselas.

Los expertos, en cualquier caso, tampoco le otorgaron especial credibilidad. Primero por el margen de error utilizado (la misma encuesta asegura que en una «buena noche electoral» los «tories» podrían sumar 15 escaños a los que tenían). Segundo, porque los sondeos no acertaron en los comicios de 2015 y tampoco con el referéndum del Brexit. Pero la encuesta provocó una fuerte depreciación de la libra esterlina, que cayó hasta su nivel más bajo frente al dólar en un mes.

Preguntada ayer durante un acto de campaña si dimitiría si su partido perdiera escaños, May replicó: «Sólo hay un sondeo que importa y ése es el que se celebra el 8 de junio». La debacle de la líder «tory» comenzó en el momento en el que dejó de hablar del Brexit y se centró en asuntos domésticos. May se mudó el verano pasado a Downing Street sin pasar por las urnas y todo este tiempo había estado sujeta al programa de su antecesor, David Cameron. Esta campaña era su oportunidad para presentar su propio manifiesto. A diferencia de las medidas populistas de Corbyn, confiada precisamente por el gran apoyo de las primeras encuestas, May apostó, sin embargo, por modificar el llamado sistema de bienestar, atreviéndose incluso con una polémica medida que quiere reducir las ayudas a las personas mayores. El bautizado como el «impuesto de la demencia» se convirtió a su pesar en el gran protagonista. Horas antes de que el atentado de Manchester suspendiera los actos de la campaña, debido a la avalancha de críticas incluso de la prensa más conservadora, se vio obligada a aclarar a que se incluirá un «límite» –no especificó una cifra– sobre el dinero que los jubilados tendrán que pagar por los cuidados que reciben. Pero aquello empeoró aún más la situación al ser interpretado como una marcha atrás a la desesperada.

Ante el fracaso que ha supuesto presentar su programa, May se ha visto obligada a centrar de nuevo su campaña en el Brexit, alertando de las consecuencias que podría acarrear ir a negociar a Bruselas sin un Gobierno «fuerte y estable». Con todo, sus advertencias parece que ya no tienen el efecto deseado en una sociedad ya cansada de tener que acudir de nuevo a las urnas. Para los británicos, que nunca han destacado por su alto nivel de participación en los comicios, ésta es su tercera votación en tres años tras los comicios de 2015 y el referéndum sobre la permanencia en la UE de junio de 2016.

via La Razón España