Un enfoque equivocado

«Basta es basta», afirmó ayer la primera ministra británica, Theresa May, desde Downing Street tras confirmarse el tercer ataque terrorista que golpea a Reino Unido en pocos meses. Estoy de acuerdo. Basta. Pero, en lugar de estar «unidos, horrorizados y de luto» como espetó la canciller alemana, Angela Merkel, tras los ataques, tal vez es hora de centrarnos en unirnos en un propósito que no debería simplemente reflejar la determinación para derrotar al terrorismo en sí. Un propósito que debería ofrecer algo más allá, aportar una solución más visionaria que obligue a involucrarnos a todos.

Dieciséis años después del 11 de septiembre, ¿no sería hora de ir más allá de los mismos (y ya anticuados) llamamientos a una mayor seguridad en los habituales barrios y localidades bajo sospecha? Ésta ha sido la apuesta también de May, que incluso ha demandado controlar y censurar determinadas plataformas de Internet y redes sociales. Pero, si tuviéramos que arrastrarnos a través de las infinitas webs yihadistas, en ese eterno proceso, los asesinos desmoralizados seguirían cometiendo las mismas atrocidades de los últimos años.

La Inteligencia y las Fuerzas de Seguridad británicas están haciendo un buen papel trabajando contra la amenaza terrorista en el terreno, pues, según dicen, los atacantes fueron abatidos en ocho minutos. Pero creo que la solución a este problema que supone la amenaza yihadista no reside sólo en reforzar la seguridad del país, sino que es un problema que está arraigado en nuestra sociedad.

Del mismo modo, afirmar que la política exterior británica es de alguna manera responsable de todo lo que vemos hoy en día, o que todo es fruto del racismo o la exclusión, creo que es perdernos lo que es realmente importante. Reino Unido ha intervenido abiertamente y encubiertamente en los asuntos de otros países desde hace más años de los que pueda recordar mi mente. Incluso, antes, lo hacían de modo mucho más letal. No podemos dejarnos llevar por los aficionados a trivialidades tan simplistas. Pensar en estos términos nos retiene a todos, incluso a aquellos que están genuinamente interesados en «la liberación». Tal vez sea hora de que algunos noten también que la sociedad británica no es la catástrofe racista presumida por aquellos que prefieren hablar de la islamofobia en esos momentos. La nueva comisaria jefe de la Policía Metropolitana, Cressida Dick, parece centrada en linchar a la comunidad musulmana al asegurar que «lo último que necesitamos es que la gente vierta sus frustraciones sobre las personas de otras comunidades». Cuando yo era joven, recuerdo a amigos en la escuela que pedían golpear a compañeros de grupos minoritarios. Afortunadamente, ya no vivimos en ese mundo. Es cierto que la lucha contra el racismo ha avanzado positivamente, pero al mismo tiempo, cualquier comentario racial parece ahora una ofensa.

Lo que sí tenemos es un problema que se extiende mucho más allá del terrorismo y que requerirá una conversación nacional seria. Un debate sobre la desconexión social de los procesos políticos. Una conversación que desafíe la capitulación moral de la vieja derecha así como la corrección política de la vieja izquierda. Vivimos en un tiempo en que a muchos se les dice que pueden ofender si expresan lo que genuinamente creen. Cuando en lugar de participar en un debate sólido, se nos anima a no interrogar sobre las creencias y comportamientos de los otros, mientras, por ejemplo, el Gobierno sí legisla en consecuencia en nombre de la prevención del terrorismo. Nos encontramos en un mundo en el que las autoridades (del partido que sean) están pidiendo un cambio a lo que ellos han creado. Y todo esto se produce en un contexto en el que los británicos acudirán a las urnas para elegir a su Parlamento. Sí, creo que es el momento de decir «basta es basta».

via La Razón España

Junio 4th, 2017 by
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