May moviliza el voto del miedo ante el ascenso del radical Corbyn

Los británicos celebran hoy una de las citas electorales más cruciales de la historia reciente, no sólo para Reino Unido, sino para la Unión Europea. Quien salga vencedor en las urnas deberá llevar a cabo el reto, sin precedentes, de sacar al país del bloque comunitario tras más de cuatro décadas de relación. Con el objetivo precisamente de fortalecer su liderazgo de cara a las negociaciones del Brexit, Theresa May adelantó en abril los comicios convencida de que la victoria sería un mero trámite. Entonces, los conservadores sacaban hasta 22 puntos de ventaja a los laboristas, sumidos en una guerra civil por el rechazo a Jeremy Corbyn, un líder impuesto por las bases que jamás contó con el apoyo de sus diputados.

La intención de May era conseguir un triunfo histórico frente a la oposición, similar al que logró Margaret Thatcher sobre Michael Foot en 1983, cuando superó a los laboristas por 144 asientos. De esta manera, no sólo se aseguraría una entrada triunfal a la mesa de negociaciones con Bruselas, sino que tLos británicos celebran hoy una de las citas electorales más cruciales de la historia reciente, no sólo para el Reino Unido, sino para la Unión Europea. Quién salga vencedor en las urnas deberá llevar a cabo el reto, sin precedentes, de sacar al país del bloque comunitario tras más de cuatro décadas de relación. Con el objetivo precisamente de fortalecer su liderazgo de cara a las negociaciones del Brexit, Theresa May adelantó en abril los comicios convencida de que la victoria sería un mero trámite. Por aquel entonces, los conservadores sacaban hasta 22 puntos de ventaja a los laboristas, sumidos en una guerra civil por el rechazo a Jeremy Corbyn, un líder impuesto por las bases que jamás contó con el apoyo de sus diputados.

La intención de May, por tanto, era conseguir una barrida histórica a la oposición, similar a la que logró Margaret Thatcher sobre Michael Foot en 1983, cuando superó a los laboristas por 144 asientos. De esta manera, no sólo se aseguraría una entrada triunfal a la mesa de negociaciones con Bruselas, sino que también lograría el respeto de su propio Gobierno, controlado hasta ahora más por el bando euroescéptico que por la propia premier.

Por otra parte, la victoria electoral le otorgaría también la necesaria “legitimidad” que hasta ahora no tenía al haberse mudado a Downing Street tras la dimisión de David Cameron el año pasado, sin haber pasado el examen de las urnas.

En definitiva, era un plan perfecto. Y sin embargo, nada ha salido según lo esperado. Si hay una palabra que ha dominado la recta final de esta campaña electoral no ha sido Brexit, sino terrorismo. En tan sólo 72 días, el país ha sufrido tres atentados cometidos además por individuos, en su mayoría, con pasaporte británico y que ya habían sido fichados previamente por las autoridades.

La actuación del MI5 y la Policía está siendo cuestionada. Y en este este sentido, no ayuda que durante los últimos seis años May fuera precisamente la responsable de los servicios de inteligencia por su labor como ministra del Interior en el anterior Ejecutivo tory, que obsesionado con reducir el déficit, impuso la era de austeridad. En el departamento de May aquello se tradujo en una reducción de casi 20.000 agentes.

Acorralada por las críticas, a escasas horas de la apertura de colegios electorales, May promete ahora “restringir la libertad y los movimientos de los sospechosos de terrorismo cuando haya suficientes evidencias para saber que representan una amenaza, pero no suficientes evidencias para procesarlos”, facilitar las deportaciones de sospechosos extranjeros y aumentar las penas por cargos de terrorismo. “Y si las leyes sobre Derechos Humanos nos impiden hacerlo, entonces tendremos que cambiar esas leyes”, aseveró.

La jugada tampoco ha salido bien y ha dado aún más munición a sus detractores para recalcar que la reducción de libertades no es la solución al problema. “La respuesta correcta a los últimos ataques es frenar los recortes conservadores, invertir en nuestras fuerzas de seguridad y proteger los valores democráticos, incluida la Ley sobre Derechos Humanos”, recalcó ayer el líder de la oposición laborista que, para sorpresa de sus propias filas, ha acortado considerablemente la distancia en los sondeos situándose en alguno de ellos a tan sólo un punto.

A Corbyn, la campaña le ha ofrecido la plataforma en la que mejor se desenvuelve, en definitiva, mítines en la calle donde se ha visto arropado por la marea ‘corbynista’ que le propició su ascenso como líder del partido, una marea formada sobre todo por jóvenes a los que les ha prometido acabar con las tasas universitarias. Su manifiesto con claro giro a la izquierda también incluye propuestas como la renacionalización de la energía y los ferrocarriles.

A May, sin embargo, se le ha visto rígida repitiendo como un robot el mismo eslogan de que el país necesita un gobierno “fuerte y estable” para las negociaciones del Brexit. Fue precisamente cuando se salió del guión, cuando comenzaron los problemas. Hay que remontarse al 18 de mayo, cuando anunció una controvertida reforma de la asistencia social, que fue rápidamente bautizada como ‘impuesto de la demencia’. May se ponía en contra a los jubilados –cada vez más importantes en citas electorales en países envejecidos- al sugerir que aquellos con casas valoradas en más 100.000 libras (115.000 euros) se verían obligados a costearse la asistencia a domicilio.

A las pocas horas tuvo que rectificar y matizar que habrá un límite a la cantidad que los pensionistas deban pagar. Pero el daño ya estaba hecho. May fue acusada de dar un nuevo ‘volantazo’, al igual que ocurrió en marzo, cuando solo siete días después de presentar sus primeros presupuestos tuvo que forzar a su ministro de Economía a corregirlos y aparcar la anunciada y controvertida subida de las cotizaciones de los autónomos en un 2% por la avalancha de críticas. “Si yo estuviera en Bruselas y la tuviera enfrente pensaría que es una persona que cambia de opinión a cualquier contratiempo”, le llegó a reprochar el popular periodista Jeremy Paxman durante una reciente entrevista.

Por otra parte, esta cita electoral también supondrá, según los sondeos, la defunción del Ukip. La formación euroescéptica que forzó el referéndum sobre la permanencia de Europa está sumida en una profunda crisis y su existencia carece para muchos ya de sentido. En cuanto a los europeístas de los Liberal Demócratas, que han prometido un referéndum sobre el acuerdo final que se llegue con Bruselas, intentarán aprovechar las urnas para mejorar los 9 escaños con los que les castigó el electorado en 2015 tras el gobierno de coalición con los tories.

Con respecto a los independentistas escoceses de Nicola Sturgeon, la cita de hoy resulta también clave, ya que supondrá el mejor termómetro a su nuevo órdago independentista. La ministra principal escocesa quiere convocar otro plebiscito antes de que Reino Unido abandone la UE, pero ni conservadores ni laboristas están por la labor de dar en esta ocasión su consentimiento. En los comicios de 2015, el SNP hizo historia al hacerse con 56 de los 59 escaños que corresponden a la región en Westminster. Pero los últimos sondeos, no les auguran ahora tan buenos datos.

La gran pregunta es: ¿puede haber un Parlamento “colgado”? El sistema electoral, el llamado First Past the Post (FPTP, traducido como “el primero que llega a la meta gana”) data de 1948. Desde su entrada en vigor ha sido calificado como “injusto y desigual”. Pero se le perdonaba todo porque –según sus creadores- permitía “gobiernos fuertes, estables y decisivos”. Sin embargo la fórmula mágica falló en los comicios de 2010, de los que salió el primer parlamento sin mayorías desde 1974.

Ahora muchos sondeos apuntan a un posible empate entre laboristas y tories. Con todo, los analistas tienen muy en cuenta el llamado voto “tory silencioso” y aseguran que hay muchas posibilidades de que May consiga al final mayoría. Ahora bien, si no supera los 17 escaños que tenía antes de convocar los comicios, su liderazgo se vería cuestionado por sus propias filas, que podrían presionar más que nunca para conseguir un Brexit duro o incluso dejar la mesa de negociaciones con Bruselas sin llegar a un acuerdo, algo que, según los expertos, resultaría desastroso para la economía.

via La Razón España

Junio 7th, 2017 by
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