Emmanuel Macron sigue pilotando la maquinaria de la República en Marcha (REM), y estudia ya junto a su primer ministro, Édouard Philippe, la primera remodelación de su Gobierno, que va a ser mayor de lo que se había anunciado. Por un lado, en un acto protocolario, el presidente de la República aceptó la dimisión de Philippe para encargarle a continuación la formación de un nuevo Ejecutivo, para lo que le ha dado de plazo hasta las seis de la tarde de mañana. Por otro, pidió a Richard Ferrand, ministro de la Cohesión del Territorio, que abandone el Gabinete para dirigir el grupo parlamentario. Es lo que se llama «matar dos pájaros de un tiro». Por un lado, libera al Gobierno de la posibilidad de una futura inculpación de uno de sus miembros, puesto que hay abierta una investigación sobre la implicación de Ferrand en un supuesto «affaire» inmobiliario, y, sobre todo, Macron envía a Ferrand a la Asamblea para que asuma la presidencia del grupo parlamentario. Es un hombre de absoluta confianza, con el que fundó En Marcha, y tiene la experiencia de cinco años en el hemiciclo en la última legislatura, lo que facilitará la aprobación de las primeras leyes sobre moralización de la vida pública, la reforma laboral, o el proyecto de ley de finanzas.

Ayer comenzaron a llegar a la Asamblea los nuevos diputados. Muchos de ellos ni siquiera conocían hasta ahora el interior de la Cámara Baja, especialmente entre los elegidos por REM, para los que el partido ha organizado un seminario el próximo fin de semana con el objetivo de trabajar la «cohesión», ponerse al día, elegir al presidente del grupo y designar los responsables de comisión.

Macron dispone de una base consistente (con los 42 diputados de sus aliados del Modem suma un total de 350) para aplicar su programa y, como la mayoría de sus diputados son neófitos, no encontrará ninguna contestación, al menos en los próximos meses, y menos ahora que tendrán un jefe, Richard Ferrand, que sabrá canalizarlos.

Jean-Paul Delevoye, presidente de la Comisión de Investidura del REM, asegura que «ya no existe la sociedad en la que se pide a los parlamentarios que obedezcan al Gobierno». Según él, los diputados de la República En Marcha tendrán «la capacidad de contestar», pero será dentro de unos límites, sin ser «rebeldes», como el grupo de socialistas que hizo la vida imposible al Gobierno de Manuel Valls.

Los nuevos parlamentarios no sólo son mayoritariamente neófitos (425 de los 577 lo son por primera vez), también son algo más jóvenes: la media es de cinco años menos (el benjamín es un diputado del Frente Nacional, Ludovic Pajot, que tiene 23 años). Y, aunque todavía no es paritaria, el número de diputadas es claramente superior al de la anterior legislatura, y ocupan el 40% de los escaños.

Para el resto de partidos ayer también fue un día de resaca. Francia Insumisa trabaja ya en la formación de un grupo parlamentario lo más numeroso posible. Su portavoz, Alexis Corbière, elegido diputado, ha afirmado que deberá ser «claro y coherente», y acogerán a todos los que quieran alinearse tras ellos, lo que podría dejar fuera a los once diputados comunistas.

Marine Le Pen tiene el enemigo en casa. Su padre, Jean-Marie Le Pen, ha anunciado que va a presentarse esta mañana en el «bureau» político del Frente Nacional, donde se va a estudiar la estrategia a seguir tras las elecciones en las que han ganado ocho escaños. Para la líder del FN es una actitud «incoherente» y «deshonesta» después de haber estado apoyando a otros candidatos contra los del Frente Nacional.

via La Razón España