«Tuve que huir de Nazaret, me pegaban e insultaban a diario»

Tahalin Abu Chan

22 años

Transexual árabe israelí

Desde pequeña, o mejor dicho pequeño, porque entonces era un niño, le encantaba el baile. Hacía el spagat mejor que el resto de las niñas, algo que a su padre le encolerizaba. “Habla con un hombre, no hagas esos movimientos de mujer”, le gritaba cada día su progenitor. Ahora, a sus 22 años Tahalin Abu Chan se siente libre. Nació en Nazaret, una ciudad conservadora de Israel donde nunca estuvo bien vista su transexualidad. Ella se sentía niña, chica, mujer. Pero su entorno, pertenece a la comunidad árabe israelí (cristiana), no lo toleraba. “Me insultaban y pegaban a diario, era un infierno, así que a los 18 años decidí huir a Tel Aviv. Allí no tenía nada ni conocía a nadie, pero no podía seguir en Nazaret”, explica a LA RAZÓN Tahalin, cuyo espectacular físico le ha servido para ganar varios certámenes de belleza. En la segunda ciudad más grande de Israel contactó con colectivos LGTB para solicitarles ayuda. Rápido le tendieron la mano. Israela Lev, una activista también transexual, se convirtió en su segunda madre. “Ella me sacó de la calle, estuve durmiendo en las aceras durante un tiempo, vivía de la caridad. Israela me rescató. Volví a nacer”, explica la joven. Y es que Tel Aviv se ha convertido en el “refugio” de la comunidad LGTB en Oriente Medio, donde los derechos de homosexuales, gays, transexuales y bisexuales son aniquilados. “Es muy compleja nuestra situación, pero imagínate encima ser árabe. Su cultura es muy cerrada y si bien algunos no te hacen nada, tampoco quieren saber del tema, te ignoran”, explica Tahalin, que ahora estudia Trabajo Social en la Universidad de Tel Aviv. Con la ayuda de Israela inició el proceso de cambio de género y en este momento, salvo por su carnet de identidad, no queda ni rastro de su hombría. “Siempre me sentí mujer y no olvidaré cuando Israela me dijo: “Serás una mujer preciosa”. Nadie me había dicho algo así nunca”, dice emocionada. El año pasado resultó ganadora del concurso Miss Trans Israel y quedó segunda en el certamen mundial celebrado en Barcelona. Su lucha y exposición a los medios la llevó a ser concursante de Gran Hermano Israel. Ahora vive uno de los momentos más dulces de su vida, pero no olvida las piedras que ha encontrado en el camino. “Volví a Nazaret hace unos meses, mi madre y mis hermanas me recibieron muy bien, pero mi padre sigue sin hablarme”, lamenta, aunque añade que nunca más volverá a ser una repudiada y que si para conseguirlo debe de olvidarse de retomar el contacto con su padre, no lo dudará. “Yo sólo quiero que entienda que soy una mujer. Soy un ser humano. No un circo. Quiero que mi causa sirva para ayudar a más personas. Que vean que no están solos. Ayudaré a mi pueblo y a mi gente”, asevera la también aspirante a modelo.

via La Razón España

junio 30th, 2017 by
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