Las acusaciones de lavado de dinero se han puesto de moda: Marco del Toro

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Nota del editor: Esta entrevista se publicó en la edición de la revista 'Expansión' correspondiente al 1 de septiembre.

CIUDAD DE MÉXICO (Expansión) – Marco del Toro no es ajeno a los reflectores. En los 26 años que tiene al frente de su despacho, Del Toro Carazo, Abogados, ha participado en algunos de los casos que mayor atención pública han atraído en los últimos tiempos, lo que le ha valido la fama de ser uno de los litigantes más exclusivos de México.

Egresado de la Universidad Panamericana, asumió este año el reto de defender al exgobernador veracruzano Javier Duarte de las acusaciones de la Procuraduría General de la República (PGR), de delincuencia organizada y operaciones con recursos de procedencia ilícita.

Cuestionado sobre este y otros casos que han llegado a su despacho —en cuyas oficinas en la capital y en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, trabajan alrededor de 30 personas—, asegura que la mayoría ha compartido dos rasgos: expedientes débiles y juicios mediáticos que violaban la presunción de inocencia.

Ante ello, el hombre de 52 años se define como un luchador “incomprendido” del Estado de derecho, afirma que su labor es defender a quienes son acusados sin bases y sostiene que nunca ha perdido un caso.

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¿Por qué defiende a figuras públicas polémicas?
He sido apasionado de defender a polémicos, no polémicos, conocidos, no conocidos. Tratándose de personajes polémicos, me parece un deber del abogado velar por quienes son víctimas de un juicio público o mediático sin que hayan sido condenados judicialmente. Lamentablemente, en la mayoría de los asuntos que me ha tocado defender, hay una gran diferencia entre lo que está en el expediente y lo que se establece en el ámbito público, una diferencia que va en detrimento de la presunción de inocencia, del derecho a la defensa. A mí me corresponde defender lo que está frente al juez. De igual modo, he representado asuntos pro bono de gente humilde, y hemos representado a empresas, empresarios, consulados, gente de varios sectores. No es mi especialidad el asunto polémico. Sin embargo, al creer en el derecho y llevar planteamientos serios, lo lógico es que puedan acercarse distintos tipos de asuntos. Por ejemplo, no llevo asuntos de narcotráfico porque no tengo esa especialidad, aparte de que no conozco la materia al detalle, y me parecería injusto. Creo que (los clientes) tienen derecho a una defensa, pero no es mi ámbito de competencia.

¿Se negaría a defender a alguien acusado de narcotráfico?
Sí, me negaría. No porque no crea en su defensa, sino porque no tengo experiencia, y creo que ese tipo de delito requiere de especialistas. Yo represento muchos casos de defraudación fiscal, de delitos de la ley del mercado de valores, de delitos bancarios. Ahora se ha puesto, lamentablemente, en boga el delito de lavado de dinero, y ahora lo quieren vincular también a delincuencia organizada, que me parece un abuso y un exceso. México ha abusado de acusar de lavado de dinero y delincuencia organizada, que están para otro tipo de delitos y ahora se los pretenden atribuir a políticos y empresarios.

¿En qué elementos se basa para tomar un caso?
La idea de este despacho es manejarse como un despacho boutique que no lleva cientos de asuntos. Trato de tomar asuntos gratuitos o de un alto impacto empresarial, social, trato de evitar el medio. Lo que me gusta es platicar con la persona. Nunca tomo un asunto sin haber evaluado cuál es la imputación y si realmente hay bases sólidas para esa imputación. A mí no me corresponde hacer juicios de valor, porque eso no le corresponde a un abogado. Eso le corresponde a un juez. Yo soy el equilibrio entre el Ministerio Público y el juez que logra determinar una resolución.

¿Cuál es el promedio de casos que lleva el despacho?
En promedio, debemos llevar unos 80 o 100 casos simultáneamente. Los dividimos por asociados encargados y hay algunos que yo analizo de principio a fin y en todos los demás intervengo.

¿Cuál es el caso que más retos le ha significado?
Todo asunto en el que alguien deposita su libertad en ti como abogado representa un reto importantísimo. La dificultad aumenta cuando inciden otros factores diversos al derecho, como la política, un asunto sindical o empresarial.

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¿En verdad nunca ha perdido un caso?
De defensa hasta ahorita no, a Dios gracias.

¿Cómo es su relación con sus defendidos una vez que termina un proceso?
Con algunos he tenido relación, pero soy consciente de que tú eres una persona muy cercana durante un periodo: la defensa. A futuro, no diría que eres el mal recuerdo, pero, a final de cuentas, vives momentos tan trágicos con esa persona que lo correcto es que ésta siga con su vida, y cuando nos vemos, nos vemos con gusto, pero no como para mantener una relación cotidiana.

¿Qué es lo más difícil de su trabajo?
La mayor dificultad quizás es cuando hay injerencias distintas al derecho que puedan incidir en los resultados jurídicos.

¿En algún momento ha temido por su vida, lo han amenazado?
No, yo siempre he pensado que si actúas correctamente no tiene por qué suceder algo. ¿Y qué entiendo yo por actuar correctamente? El no violar normas éticas de la profesión.

¿Cuál cree que sería su legado?
Quisiera creer que es un legado, hacia mi familia, de honestidad; hacia mi pareja, de lealtad; hacia la sociedad mexicana, de ser un luchador del Estado de derecho, quizá incomprendido por algunos que puedan pensar que me dedico a esto por otro tipo de motivaciones. El principal legado es dejar vidas resueltas ante imputaciones injustas. Para mí eso ha tenido mucho más valor que el honorario profesional: estar afuera de un reclusorio y ver a una familia esperando a la persona que defendí.

¿Le preocupa que lleguen a considerarlo como “El abogado del Diablo”?
No. Tuve un gran maestro, al que actualmente todavía le guardo un gran aprecio, el licenciado Juan Velázquez. A él le decían “El abogado del Diablo”. Si ahora me dicen a mí como tal, pues es un honor.

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via Expasión

septiembre 15th, 2017 by
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