«El régimen de Maduro no tiene apoyo popular»

El escritor Juan Carlos Chirinos (Venezuela, 1967) acaba de publicar en la editorial La Huerta Grande su libro “Venezuela”, en el que ofrece un testimonio personal del país en el que nació. “Es una visión social, íntima y literaria de Venezuela, un ensayo en el sentido que le daba Montaigne”, aclara el autor. Chirinos salió de su país hace veinte años para estudiar en Salamanca, y desde entonces vive en España. Viaja con cierta frecuencia a Venezuela, donde asegura haber visto gente comiendo con los restos de la basura, víctimas de la escasez y la crisis económica que sufre el país. “Nunca había contemplado algo así de doloroso”.

-¿Cómo ha llegado Venezuela hasta aquí?

-Es un camino bastante tortuoso y complejo. Una de las causas fundamentales es que en cien años, Venezuela no ha podido construirse como una república con igualdad para todos y donde la libertad esté protegida. Venezuela, como sociedad, mantiene una cierta adolescencia, algo, por cierto, muy común en las sociedades occidentales. En el caso de Venezuela es sangrante porque la gente ha vivido siempre a expensas de lo que le proporciona el Estado. La corrupción es otra causa bastante importante que explica el momento actual. Antes había corrupción, pero ahora se ha multiplicado. Una de las grandes desgracias de Venezuela ha sido el petróleo. La abundancia de petróleo es lo que ha atornillado a los regímenes dictatoriales durante todo el siglo XX. En 1936, Uslar Pietri habló de sembrar el petróleo, es decir, utilizar los recursos del petróleo para desarrollar el país. Ese consejo no lo hemos aplicado. Eso no quiere decir que no hayamos avanzado como país, pero no lo suficiente. Parece que hay una pulsión negativa que nos arrastró donde estamos ahora.

-¿Tiene el presidente Nicolás Maduro el apoyo de su pueblo?

-El régimen de Maduro no tiene apoyo popular, está por debajo del 20%, pero cuenta con unas fuerzas armadas corrompidas y con la inteligencia y el sistema castrista de su lado. También el narcotráfico ha minado las instituciones. Se sostiene por el apoyo de poderes fácticos, no por el apoyo del pueblo. De hecho, el año pasado se paralizó el referéndum revocatorio porque el presidente controla todos los poderes. Hay una dictadura de facto. La Asamblea Nacional Constituyente no es más que una junta de gobierno que se dedica a dictar leyes en lugar de redactar una constitución.

-¿Habrá elecciones presidenciales en 2018?

-Si hay presidenciales en 2018 será bajo la supervisión de esa junta de gobierno, y si no salen los resultados que espera Maduro, la Asamblea Constituyente puede invalidarlo. No sé si servirán de algo.

-¿Qué errores ha cometido la plataforma opositora MUD?

-Uno de los más graves fue abandonar la Asamblea Nacional en el año 2005 cuando decidieron no participar en las elecciones, lo que le dio al chavismo el dominio absoluto del parlamento durante seis años. Fue una torpeza que a la larga perjudicó más el proceso de recuperación de la democracia. El golpe de Estado de 2002 fue otro error gravísimo, porque esa no era la forma para salir de Chávez en ese momento. En cuanto a las pugnas internas de la oposición, yo no lo considero un error sino circunstancias propias de gente que piensa distinto y que se tienen que poner de acuerdo para llegar a un fin común. Hay gente de izquierdas, de derechas y de centro, la oposición es muy heterogénea. Eso no pasa con el chavismo, que hasta hace poco era bastante monolítico.

-¿Sigue manteniendo el Gobierno la base social que tuvo Chávez?

-Se han ido alejando del chavismo porque sus seguidores han dejado de percibir los beneficios que recibían cuando había dinero. La clase media venezolana, durante las década de los sesenta y setenta, era muy grande. Esa clase media ha ido desapareciendo en estos últimos veinte años. Muchos nos hemos ido, otros se han pauperizado y una pequeñísima parte se ha hecho millonaria porque se ha juntado con el Gobierno. Un país que no tiene clase media no prospera. Este es otro gran problema de Venezuela. Es verdad que Chávez hizo políticas sociales creando un estado paralelo a través de las misiones. Pero las políticas que consisten en entregar dinero a la gente y regalarle electrodomésticos no se pueden llamar de izquierdas. Eso es despilfarrar el dinero. La izquierda apunta al sostenimiento del estado, y mire cómo estamos. El estado ha recibido casi un billón de dólares en petróleo que no ha terminado de producir bienestar.

via La Razón España

noviembre 17th, 2017 by
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