El refugio sureño de los islamistas

Si hay una cosa que hasta ahora hubiese marcado los diez meses que Macron lleva en el poder, esa era la ausencia de ataques terroristas llevados a cabo en comparación con el sangriento quinquenio de su predecesor, el socialista François Hollande. El atentado del supermercado de Trèbes rompe un periodo de calma en una Francia que llevaba años sobresaltándose de forma regular por un goteo interminable de ataques de perfil yihadista de distinto grado que, desde 2015, se han cobrado la vida de 238 personas. La tregua ha sido breve. Redouane Lakdim, el atacante francomarroquí de Trèbes representa en buena medida la gran pesadilla de la lucha antiterrorista en Francia. No estaba considerado una amenaza inminente y las fuerzas de seguridad no pensaban que pudiese estar tan radicalizado como para emprender los ataques del viernes. Lakdim viene a representar lo que el propio presidente Macron denominó «una amenaza endógena», que está dentro de la sociedad pero es difícil de identificar. En esta situación se encuentran miles de radicalizados dentro de las fronteras francesas. Hace tan sólo un mes, el propio Macron desvelaba su programa para frenar la radicalización juvenil, una de sus promesas estrellas en la campaña electoral que lo condujo al Elíseo. El plan Macron prevé, entre sus 60 medidas, la creación de pabellones aislados dedicados exclusivamente a los detenidos radicalizados para evitar un «efecto contagio» de otros reos.

Las estrategias proselitistas observadas en prisión legitiman la creación de estos lugares dentro de los centros penitenciarios, donde serán encarcelados los prisioneros radicalizados en grupos de entre 15 y 20 personas. La formación específica del personal que se ocupará de estos centros que tendrán capacidad para 1.500 personas. La pieza angular que el plan de Macron debe encarar en este quinquenio es el de los retornados. Según los últimos recuentos publicados en febrero por fuentes oficiales, se calcula que 323 personas, incluyendo 68 menores, han retornado a Francia y alrededor de 1.180, entre ellos 500 niños, siguen en las zonas de Irak y Siria.

En este esfuerzo por contener la radicalización, el sudeste francés es una región clave. El departamento de Aude, donde se han producido los atentados de este viernes, posee una de las de mayor concentración de población musulmana, sobre todo en el vecino departamento de Hérault y en el conglomerado de Marsella con tasas que doblan la media nacional. Según datos de un estudio del Senado en 2017, hay 18 departamentos especialmente sensibles en cuanto a personas fichadas por radicalización, dentro de una clasificación de siete niveles hechas por las autoridades francesas. En el primer nivel estarían los departamentos cercanos a grandes núcleos urbanos como París o Marsella. Y aunque existen varios departamentos del sudeste puestos en máxima vigilancia, paradógicamente no ha sido hasta ahora el caso de Aude, donde se acaban de producir los ataques. En este departamento, la tasa de radicalizados es de entre 20 y 30 personas por cada 100.000 habitantes, muy por debajo de las de Saint Denis o la Provenza, donde pueden triplicarse. Los núcleos urbanos de Niza y Marsella han sido el punto de partida de varios de los adolescentes que en su día partieron para engrosar las listas del EI.

via La Razón España

marzo 24th, 2018 by
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