Y Jordania se libró del caos

Aunque el reino de Jordania es difícil de tumbar, las protestas de esta semana, las más multitudinarias desde la primavera árabe de 2011 han puesto en jaque al rey Abdalá II. La decisión gubernamental de aplicar nuevas tasas, las subidas de electricidad y combustible, per, sobre todo, quitar los subsidios del pan han encendido la ira de los jordanos que estuvieron a punto de hacer caer el gobierno esta semana.

Después de siete días de violentas manifestaciones que se saldaron con más medio centenar de heridos y decenas de detenidos, el monarca sacrificó a su primer ministro, Hani al Mulki, y lo sustituyó por Omar Razzaz, un execonomista del Banco Mundial, que prometió retirar la controvertida subida de impuestos en cuanto tome hoy posesión de su cargo.

El temor a ver agitarse al estable reino hachemita, uno de los socios prioritarios de Estados Unidos en la región, llevó al rey Abdalá a mediar en esta crisis y ponerse del lado de las masas. El monarca intervino el 31 de mayo y ordenó al gobierno congelar los aumentos de los precios del combustible que habían subido un 5%. Tres días después, el rey presidió una reunión del Consejo Nacional de Políticas pidió al gobierno y al parlamento la formación de un diálogo nacional para llegar a un consenso sobre el controvertido proyecto de ley del impuesto de la renta que “no ahogue al contribuyente, combata la evasión y mejore la eficiencia de la recaudación tributaria” . También declaró que “es injusto obligar a los ciudadanos a cargar solos con la reforma financiera”.

La reforma tributaria, impulsada por el Fondo Monetario Internacional, para paliar la crisis que arrastra Jordania desde 2012 buscaba rebajar la deuda pública acumulada que ascendía a 40.0000 millones de dólares o lo que es lo mismo del 95% del Producto Interior Bruto (PIB). El FMI concedió un crédito de 700 millones de dólares para reducir hasta el 77% del PIB en 2021.

Para conseguirlo, el gobierno jordano pretendía aumentar la base de contribuyentes en un 6%, rebajando el umbral de ingresos exigido a 8.000 dinares (unos 9.700 euros) anuales y elevar el tipo del Impuesto de Sociedades hasta el 40%.

El proyecto de ley de las reformas económicas ha provocado una de las mayores turbulencias en años en el impasible reino hachemita, que ha resistido a la guerra en la vecina Siria y al expansionismo del Estado Islámico. Los jordanos no suelen salir a protestar o más bien las leyes del país restringen el derecho a reunión, asociación y libertad de expresión. Pero los aprietos económicos que desde 2017 ha obligado a los ciudadanos a apretarse el cinturón, unido a las inflación y la tasa de paro que asciende al 18´5%, han sacado a la calle a los ciudadanos. Otro factor que ha agudizado la crisis económica ha sido la absorción de más de 700.000 sirios refugiados en busca de servicios médicos, escolarización y ayuda alimentaria que han colapsado los servicios sociales del reino hachemita.

El conflicto en Siria ha frenado la llegada de turistas a Jordania, temiendo que la inestabilidad en el país vecino fuera a contagiar al pequeño reino hachemita. La crisis siria ha afectado de tal manera a la economía del país que ha frenado el progreso económico y las reformas prometidas por el rey Abdalá II.

Ante una situación desesperada, el gobierno jordano no tuvo más remedio que implementar desde principios de año, las nuevas medidas de austeridad para enderezar la maltrecha economía jordana principio de año han abierto de nuevo la brecha social y divisiones entre los sindicatos y los partidos políticos.

La mayoría de partidos políticos se han visto marginados como resultado de las políticas autoritarias de los sucesivos gobiernos. En esta crisis han sido los profesionales, las asociaciones y sindicatos de trabajadores los que se han convertido en los únicos vehículos viables para la movilización popular. La crisis ha subrayado la necesidad de llevar a cabo una revisión de las políticas económicas e implementar reformas políticas como una nueva ley electoral que permita la formación de un gobierno parlamentario.

Los jordanos están cansados de la oligarquía política y exigen una transparencia total, que se exponga la corrupción pública y la mala gestión, ya que muchos culpan la crisis por la acumulación de la deuda externa.

Se espera que el nuevo primer ministro involucre a la población, especialmente a las nuevas generaciones, en debates sobre la separación de poderes y la rehabilitación de la vida política en el reino. A medida que los jóvenes jordanos se fortalecen y se motivan entre ellos, gracias a las redes sociales, hay expectativas de que juegue un papel de liderazgo para presionar al sistema en busca de unas reformas que se desvanecieron con la Primavera Árabe.

Jordania está viviendo una etapa de cambio tras estas manifestaciones históricas y las próximas semanas serán cruciales para determinar el futuro del país.

via La Razón España

junio 9th, 2018 by
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