La violencia política ensucia las elecciones mexicanas

Los ladridos de un perro salvaron la vida de Alberto Capella, el azote de los narcos en el estado de Baja California. Unos días antes del ataque se había filtrado que este funcionario público experto en seguridad iba a ser jefe de la policía en Tijuana y, para impedirlo, 30 sicarios del cartel de Sinaloa rodearon su casa por la noche. «Cuando el perro ladró yo sabía que algo malo estaba pasando. Me asomé por la ventana y vi a un ejército. La semana antes habían secuestrado a un jefe policial, le habían torturado, le habían troceado los testículos y le habían cortado las extremidades. Yo tenía esa imagen grabada y sabía que eso me iba a pasar. Agarré un arma que dejaron mis escoltas y los empecé a atacar. Tras once minutos de balacera se tuvieron que ir».

El ataque del narco no impidió que Alberto se convirtiera en jefe de Policía de Tijuana, donde logró rebajar los niveles de violencia. En 2014 fue contratado como encargado de Seguridad Pública por el gobernador del estado de Morelos, considerado en aquel tiempo la capital del secuestro en México. «La cifra de secuestrados era escandalosa cuando llegué allí», recuerda Alberto, que se enfrentó a Guerreros Unidos y Los Rojos, dos bandas criminales sumidas en una guerra de poder. «Las instituciones de seguridad estaban casi desmanteladas y en el mejor escenario eran parte de la delincuencia organizada. No era nuevo para mí, pero sí un reto interesante».

Como jefe de Seguridad de Morelos echó a 400 agentes que habían sido comprados por las mafias del crimen. Su antecesor en el cargo había sido detenido por ser el protector del cartel de los Beltrán Leyva. «Había que hacer algo urgente para detener la sangría. Hasta entonces, los alcaldes le entregaban a los narcos la dirección de la policía, así que lo primero fue quitarle el control de la seguridad a los regidores. Establecimos un mando único policial y a partir de ahí comenzamos a mejorar la situación».

La historia de Alberto Capella encarna la terrible realidad que vive México, donde la campaña electoral ha sido la más sangrienta de la historia del país. Desde septiembre del año pasado hasta ayer, 130 políticos han muerto asesinados a manos del crimen organizado, 49 de ellos eran candidatos a diputados y alcaldes.

Según el periodista Ricardo Ravelo, uno de los mayores expertos en el narco mexicano y dos veces amenazado de muerte por sus investigaciones, el 80% de los alcaldes del país tienen una vinculación directa o indirecta con estas organizaciones violentas. Cuando las bandas se hacen con el control de la policía, los fiscales, jueces y altos mandos de la estructura de seguridad, se dedican a ampliar su radio de acción a otras actividades ilegales más allá del mercado de la droga, como el contrabando de gasolina, la extorsión de comercios, el robo de vehículos y la trata de personas.

Pese a este nivel de violencia, las campañas de los candidatos presidenciales se han desarrollado sin grandes problemas. El foco reside en los estados y municipios medianos y pequeños. Las propuestas de los aspirantes para frenar la ola de violencia no han presentado planes integrales, lamenta Ravelo. Andrés Manuel López Obrador, gran favorito en los sondeos, prometió en algún momento de su campaña una amnistía a los líderes de los cárteles para asegurar la paz, una medida que ha sido muy criticada por sus rivales.

Ravelo, autor de libros como “Los Incómodos”, en el que narra historia de corrupción y de narcotráfico de ocho ex gobernadores amigos del actual presidente Peña Nieto, cree que ningún candidato de los cuatro que concurren a las presidenciales de hoy puede acabar con estos niveles de violencia. “El mexicano es un sistema cada vez más mafioso debido a la infiltración del crimen, a la impunidad monstruosa del 95% y a que en gran parte del territorio el crimen ya es gobierno. Todo esta estructura, el andamiaje criminal más poderoso de América Latina, es imposible de desmantelar en seis años”.

Y añade: “En ningún lugar del mundo ni en ninguna época de su historia la mafia ha sido derrotada. Ni Italia ni Colombia en sus etapas cruentas pudieron derrotar al crimen, aunque sí se logró bajar los niveles de violencia, y esto hay que hacerlo en México donde en seis años han quitado la vida a más de cien mil personas”.

via La Razón España

junio 30th, 2018 by
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