Varados en el corazón de Roma

Medio centenar de chavales se disputan un asiento a la sombra para ver la televisión. Empieza el partido y ninguno de ellos se mueve. Ni la hora del almuerzo, ni las charlas con los mediadores culturales los hacen tan obedientes como un Mundial. Poco importa que jueguen dos selecciones de las que apenas han oído hablar. Es verano y poco hay mejor que el fútbol para unir a un grupo de niños y adolescentes de unas 20 nacionalidades con dificultad para comunicarse entre ellos. Quienes no asisten como espectadores se entretienen dando patadas a un balón.

De entre ellos sale del grupo Mikiale. Camina sin levantar la cabeza, lo acaban de eliminar del juego y no parece muy integrado entre sus compañeros. El chico tiene 14 años, es introvertido, pero también uno de los pocos que saben hablar inglés. Cuenta que lleva dos años en Italia y que está esperando a que le amplíen un permiso de residencia temporal. Se lo entregaron a la espera de procesar una solicitud de asilo que aún está en fase de estudio.

«Mi camino fue Eritrea-Etiopía-Sudán y Libia. Allí pague 450 euros y me embarcaron hasta llegar a Italia», narra. Era el año 2016, historias como ésta se podrían contar por decenas de miles. No se trata de ninguna hipérbole, aquel año llegaron a Italia 181.000 personas. Y precisando, 25.846 menores no acompañados como él. «Mi familia sigue en Eritrea, realmente mi intención es llegar a Holanda, donde me han dicho que hay trabajo», prosigue.

via La Razón España

junio 30th, 2018 by
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