Idlib, la batalla final en el avispero de la guerra siria

Suenan tambores de guerra en Idlib, el último bastión rebelde y acto final de la guerra de Bachar al Asad. Desde hace unos días la insurgente provincia del norte de Siria es objetivo de los bombardeos diarios del régimen y su aliado ruso. En ella viven hoy cerca de tres millones de habitantes entre evacuados de otras provincias, yihadistas de Al Qaeda y otras fracciones radicales islamistas, pero también hay decenas de miles de niños, mujeres y ancianos.

Idlib ha sido siempre el objetivo último del régimen para coronarse vencedor. Miles de personas salieron ayer después de la oración del viernes en varias localidades de la provincia rebelde. En la localidad de Harem, «jóvenes y menores, ondeando la bandera revolucionaria, han salido al medio día a protestar contra el esperado ataque del régimen sobre Idlib y en apoyo a los rebeldes», explicó a LA RAZÓN un activista sirio que se identifica como Mustafa.

Esta región es una de las denominadas zonas de desescalada, acordadas por Turquía, Irán y Rusia, que ha estado bajo la vigilancia de observadores militares turcos. Gracias a este acuerdo ha habido contención por parte de las fuerzas sirias, pero ahora ese equilibrio parece romperse. «Los bombardeos son constantes aunque en menor escala que en ofensivas anteriores del régimen», apuntó Mustafa.

En una reunión reciente en Ankara entre los ministros de exteriores ruso y turco, Sergey Lavrov y Mevlut Cavusoglu, respectivamente, el jefe de la diplomacia rusa insinuó que Idlib debía de dejar de ser zona de distensión porque albergaba terroristas. El ministro de Exteriores ruso llamó a Occidente a «no obstaculizar una operación antiterrorista en Idlib». Días después, Damasco anunció su inminente ofensiva contra la provincia rebelde, lo que se interpreta como un movimiento coordinado entre Moscú y el régimen.

Ante la más que probable escalada militar en Idlib, Cavusoglu instó ayer a detener la ofensiva que calificó de «una catástrofe política y humanitaria.» «Destruiría el proceso político y provocaría consecuencias humanitarias y afectaría no solo a Turquía sino a Europa», advirtió el jefe de la diplomacia turca, de visita en Viena.

Asimismo, las organizaciones humanitarias y las ONGs han dado la voz de alarma, ya que los servicios de salud en esa provincia del norte de Siria reciben a millones de habitantes que dependen de la ayuda humanitaria que llega desde Turquía.

El trasiego militar en Idlib coincide con el último encontronazo diplomático de la administración de Donald Trump con Damasco. La semana pasada, el asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, John Bolton, se mostró preocupado por la posibilidad de que Al Asad vuelva a utilizar armas químicas,y advirtió de que «si el régimen sirio utiliza armas químicas, responderemos con fuerza».

A esta provocación de EE UU, el Ministerio de Defensa ruso respondió que «los terroristas del Frente al Nusra están tratando de montar en Idlib una provocación con el fin de acusar a Damasco del uso de armas químicas contra la población civil».

Sea o no sea cierto la advertencia de un posible ataque químico letal en esta provincia siria, Washington ya ha empezado a mover ficha. El portavoz de Defensa, Igor Konashénkov, advirtió que la coalición encabezada por Estados Unidos utilizará esa provocación como pretexto para lanzar un ataque contra instalaciones del Estado sirio.

Según la agencia rusa Sputnik, para este fin llegó al Golfo Pérsico «el destructor USS The Sullivans con 56 misiles de crucero a bordo, además el bombardero estratégico B-1B de la Fuerza Aérea de EEUU provisto de 24 misiles de crucero aire-superficie AGM-158 JASSM se trasladó a la base Al Udeid de Catar».

En respuesta, la Marina rusa ha enviado 13 buques de guerra rusos que cruzaron la semana pasada el Bósforo a modo de preparación ante un posible e inminente ataque en Idlib.

via La Razón España

agosto 31st, 2018 by
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