Power Rangers, El poder de la nostalgia

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Fue en 1993 qué los célebres Power Rangers tomaron forma en una propuesta para televisión americana, qué retomaba una popular serie japonesa creada en los 70s —qué a su vez retonaba la versión nipona de Spiderman—, conocida como Súper Sentai. Apostando por un insólito formato de producción —que para ese entonces no era tan raro—, usaron las escenas de acción originales, para mezclarlas con otras protagonizadas por actores estadounidenses, ofreciendo un a veces incongruente pero muy dinámico y colorido concepto.

Es debido a esta circunstancia que en muchas de las escenas de combate los personajes cambiaban de escenario sin razón alguna y que el Power Ranger Amarillo, a pesar de ser mujer, no usará falda en su uniforme —como el Power Ranger Rosa—, pues en la fuente original, dicho personaje era hombre. Pero eso es sólo parte del cúmulo de curiosidades que han ido acompañando este concepto pop enfocado al mercado infantil, que alguna vez estuvo en manos de The Walt Disney Company y que partiendo de una premisa sumamente simple —un grupo de jóvenes que defiende al planeta usando una serie de artefactos que les dan trajes y habilidades extraordinarias— se ha mantenido vigente a través de una veintena de versiones y tres películas de bajo presupuesto.

Ahora en su primera gran producción —costó 100 millones de dólares— hay que decir que los célebres Power Rangers lucen mejor que nunca. Y no por qué se trate de una gran película ni mucho menos, sino porque el director Dean Israelite logra sortear la trampa del humor involuntario —que hubiera sido lo más fácil—, para ofrecer un vehículo de entretenimiento divertido, ligero y espectacular cuando se requiere. Es cierto, los toques de comedia están ahí y no podría ser de otra forma, pero no para hacer escarnio del concepto, sino para aderezar la aventura que se toma en serio dentro de su propio desarrollo y carece de mayores pretensiones. Los mismos actores, entre ellos Becky G —cuyo personaje esta vez tiene una inesperada variante— , Bryan Cranston —qué ya había prestado alguna vez su voz para algunos personajes en la serie— y Elizabeth Banks, como una convincente villana, asumen sus respectivos roles sin subestimarlos en ningún momento. Estamos pues ante una adaptacion que sin traicionar lo que representan estos personajes de naturaleza televisiva —con todo lo que ello implica—, les da una bocanada de aire fresco en cuestión visual y cuenta con los suficientes elementos para dejar satisfechos a los fans y de paso enganchar a nuevas generaciones de público infantil.

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via La Razón

Marzo 25th, 2017 by
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