–Usted presentó la primera solicitud de adhesión de España a la Unión Europea…

–Aspirábamos a una integración con Europa después de la firma de los acuerdos de la Moncloa y las elecciones de 1977. En julio de ese año yo presenté en Bruselas la carta del Gobierno para solicitar la incorporación. Era un documento para abrir las negociaciones respaldado por todas las fuerzas políticas. Fue un paso muy importante, aunque la negociación no empezó hasta 1979.

–Europa ha cambiado mucho desde entonces…

–Sí, ahora falta unión y convergencia. En aquella etapa europea había mucha ilusión ya que se estaba forjando la integración. Aunque la UE tenía ya años de historia, estaba cobrando más importancia. La Europa de entonces, con 12 países, de la que ya formaba parte España, fue una época de crecimiento. Es lo que Felipe González llamó «la galopada europea».

–¿En qué consistió?

–Entre los años 1985 y 1990 se instauró la libre circulación y se produjo un crecimiento de manera muy rápida y ordenada. Pero tras la caída del Muro de Berlín hubo una serie de países que querían incorporarse y fue una precipitación. No se hizo bien. El proyecto original funciona para un número pequeño de países, pero luego se amplió y se ha llegado a 28. Una vez que se ejecute el Brexit seremos 27, que es número excesivo.

–Entonces, ¿la solución son las distintas velocidades?

–Es una posibilidad y, en este momento, la Comisión trabaja en una propuesta que son los ritmos diferenciados de la integración. De hecho, de alguna manera ya existe. hay países que forman parte de Schengen y otros no.

–¿Qué ha aportado España al proyecto europeo?

–España no ha debilitado la construcción europea ni le ha hecho perder homogeneidad. Ha sido un socio leal y ha compartido los compromisos de los Estados fundadores. Somos uno de los primeros países que adaptó las normas para lograr el perfeccionamiento del mercado interior.

–¿Qué pasará con Gibraltar cuando se ejecute el Brexit?

–En Gibraltar tenían una situación cómoda hasta ahora. La Verja estuvo cerrada, se abrió y ahora habrá que volver a cerrarla de nuevo.

–Pero, ¿cambiará su estatus?

–España marcará el territorio y señalará que la libre circulación se ha acabado. Por lo tanto, no cambiará su estatus. A mí lo que más me preocupa es la situación de crisis de Europa que no sabemos dónde reside, si en los valores o en las personas, y que afecta a Francia, Alemania o Italia.

–¿Los populismos pueden romper Europa?

–Los populistas pueden perturbar Europa, pero no acabarán con ella, no serán el final. En cambio, sí parece que han terminado con la posición centrista de los partidos europeos. En Alemania, por ejemplo, se han ido turnando los dos grandes partidos a lo largo de los años. Eso ha sido posible hasta ahora, pero no se sabe qué pasará en el futuro.

–En España también se han ido turnando en el poder los dos grandes partidos…

–Hubo una cierta armonía entre PP y PSOE sobre todo en grandes temas, como las cuestiones europeas. El bipartidismo es un buen sistema. He seguido con inquietud lo que ha ocurrido en los últimos meses. Los nuevos partidos dan inestabilidad y no se sabe dónde están ni con quién. Es un tema preocupante. Ciudadanos perdió la oportunidad de entrar en el Gobierno y aún es una incógnita.

–Casi un tercio de los diputados quiere derogar la Constitución…

–Una Constitución no es eterna, pero no sabemos muy bien qué quieren cambiar. Yo creo que hay que reformar algunos artículos, como la sucesión de la Corona o los temas competenciales. Hay que sentar a todas las fuerzas políticas en una mesa y ponerse de acuerdo en qué se quiere reformar.

–¿Ahora es el momento?

–Si viene una época de estabilidad democrática, habría que modificar todo lo que no ha funcionado bien. Hay que cambiar el espíritu para volver a la concordia que inspiró la Transición que tanto se invoca y que, a veces, tanto se olvida .

–¿Hay algún punto en común de aquella España con la de hoy?

–Aunque había mucha incertidumbre sobre el futuro, quienes trabajamos en aquel primer gobierno de Suárez teníamos la convicción de dónde estábamos y dónde queríamos llegar. En política, igual que en la vida, la emoción es muy importante y nosotros teníamos la emoción de llegar a un sistema democrático. El Rey don Juan Carlos marcó el camino en su discurso del 22 de noviembre de 1975. Hubo esperanza en el futuro y una idea de concordia.

–Y ahora, ¿no la percibe?

–No, hoy hay un cierto pesimismo que no comparto. No creo en ese espíritu crítico. Tengo una gran confianza en España y creo que hay que recuperar lo que se ha conseguido en el pasado. Existe una sensación de falta de objetivos compartidos, que sí había en la Transición. Veo una especie de revanchismo y un afán de división.

Y sobre España…

–Un recuerdo: El día que firmé la adhesión de España al Consejo de Europa y al Convenio Europeo de Derechos Humanos.

-Una palabra: Memoria y esperanza.

–El futuro: Siempre es incierto.

–Un tópico real: Es un país moderno, que no ha perdido sus raíces.

–Un tópico irreal: La pandereta y la guitarra.

via La Razón España