Angela Merkel se mostró ayer firme y exigió unas negociaciones «justas y equilibradas» para el Brexit. En una intervención ante su grupo parlamentario en el Bundestag, la canciller destacó que uno de los puntos esenciales para Berlín es que se negocie en primer lugar un acuerdo sobre la salida de Reino Unido y que «sólo cuando esto se resuelva», se empiece a hablar sobre la «relación futura». Una condición que reclamó a la primera ministra británica, Theresa May, en una conversación telefónica. Asimismo, Merkel admitió que esta salida, la primera de un país miembro de la Unión Europea (UE), llena de incertidumbre la región, por lo que ha prometido «trabajar intensamente para garantizar que el efecto en la rutina diaria de la gente sea el mínimo posible» y valoró que el Brexit es «también un nuevo punto de partida». «Alemania y otros países miembros de la UE hubiésemos deseado que este día nunca hubiese llegado. Perdemos a un socio fuerte e importante», aunque reiteró que «la UE es una historia de éxito única y lo sigue siendo tras la salida de Reino Unido». Por su parte, la portavoz del Gobierno alemán, Ulrike Demmer, aseguró que el país está «bien preparado» para encarar las negociaciones sobre el Brexit. «Nos vamos a poder posicionar en todas las cuestiones que surjan», sostuvo.

Desde Bruselas, la reacción a la carta de May fue fría. «Actuaremos al unísono para preservar nuestros intereses», proclamaron ayer las veintisiete capitales europeas en un texto conjunto. Tras recibir la misiva de la «premier» británica, el presidente del Consejo, Donald Tusk, en una alocución de tres minutos también defendió que «paradójicamente, hay algo positivo en el Brexit. Ha provocado que los Veintisiete estemos más determinados y unidos que antes», y aventuró que este dique de contención permanecerá en pie durante unas «negociaciones difíciles». Al comienzo de su discurso reconoció que «no hay motivos para fingir que hoy no es un día feliz, ni en Bruselas ni en Londres. Muchos europeos, incluyendo casi la mitad de los británicos, deseaban que siguiéramos juntos». «Hoy no es un buen día para Europa», corroboró el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani.

La Unión Europea se adentra en terreno ignoto. El equipo de Tusk enviará mañana las directrices de la negociación a las capitales europeas. Serán unas ocho páginas que marcarán las «líneas rojas» de unas negociaciones de ruptura que se prolongarán durante dos años, y que deberán ser refrendadas al máximo nivel político en la cumbre del 29 de abril. El documento ha sido preparado durante los últimos meses en estrecha colaboración con los Veintisiete, pero el equipo del presidente del Consejo ha preferido tener en sus manos la carta de seis folios enviada y rubricada por Theresa May para hacer las últimas puntualizaciones.

Los Veintisiete tendrán un mes para seguir perfilando estas líneas rojas. Fuentes comunitarias españolas descartan que nuestro país, aparte de Gibraltar, tenga alguna petición especial más allá del deseo compartido por todos los socios de la necesidad de proteger tanto a los ciudadanos británicos que viven en territorio comunitario como el caso contrario, que deberán tener garantizados sus derechos de residencia, trabajo, pensiones y acceso al sistema de salud.

El Parlamento Europeo abandera esta causa. En una resolución que será votada la semana que viene en Estrasburgo, los cuatro grandes grupos (populares, socialistas, liberales y verdes) piden que los derechos de los comunitarios residentes en Reino Unido no se vean perjudicados hasta que se haya firmado el acuerdo de salida para que los ciudadanos no sean utilizados como «moneda de cambio», según el representante de la institución en las negociaciones, Guy Verhofstadt. El PE, que deberá ratificar el texto de divorcio, también fija como muros infranqueables la prohibición de simultanear las negociaciones de ruptura y el futuro marco regulatorio entre Reino Unido y los Veintisiete, un acuerdo transitorio de tres años máximo y la prohibición a Reino Unido de negociar acuerdos comerciales con otros países mientras pertenezca a la UE.

Los temas más controvertidos llegarán al comienzo de las conversaciones: la factura de salida (unos 60.000 millones de euros) y la situación de los ciudadanos europeos de ambos lados del Canal de la Mancha. Después de la cumbre del día 29, su equipo europeo elaborará una nuevas líneas maestras más pormenorizadas. Se espera que pasado el otoño las negociaciones alcancen velocidad de crucero después de que se despeje la incógnita sobre quién ocupará la Cancillería alemana. Del posible sucesor de François Hollande, Emmanuel Macron, se espera una estrategia continuista de línea dura como modo de establecer un dique de contención contra la ultraderechista Marine Le Pen.

«Van a ser unas negociaciones bastante más transparentes de lo habitual», aseguran fuentes diplomáticas. La Comisión también ratifica que su propósito es publicar de manera periódica los documentos negociadores. Pero como siempre en los textos comunitarios se seguirá la sagrada máxima de que «hasta que todo está acordado, nada lo está».

via La Razón España