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En 1995 se estrenó una película que, excepto para algunos frikis como el que firma, pasó desapercibida, hasta que casi cinco años después una trilogía la resucitara. La trilogía fue Matrix y la película que sirvió como referente fue Ghost in the Shell, una obra de anime dirigida por Mamoru Oshii y que esta semana se estrenó con Scarlett Johansson en el papel protagónico. Tanto Matrix como Ghost in the shell compartían dos recursos: la lluvia de números verdes, que nos hacía creer en la posibilidad de habitar un horizonte digital y en la idea de que los humanos se conecten a máquinas por un enchufe en el cuello. Hasta entonces todos creíamos que eso era sólo ciencia-ficción.


Ahora comenzamos a dudar. El empresario Elon Musk, cofundador de Tesla, PayPal, Space X o Hyperloop, ha impactado a los visionarios. En una entrevista con The Wall Street Journal señala que “en cuatro o cinco años los humanos seremos cyborgs”. Nos conectaremos a máquinas o introduciremos la inteligencia artificial en nuestro cerebro.

Musk planea conseguir esto a través de su empresa Neuralink, registrada en julio de 2006 como una compañía de investigación médica. ¿Qué se hace allí? Se trabaja en enlaces o cordones neuronales: pequeños electrodos cerebrales que algún día potenciarán nuestras capacidades cerebrales. Musk busca desarrollar pequeños ordenadores que podamos llevar directamente en el cerebro y nos permitan acercarnos a los niveles que se especula, llegar a la Inteligencia Artificial (IA).

La Inteligencia Artificial se utiliza para salvar vidas, diagnostica enfermedades, gestiona tiendas, conduce coches y hasta es capaz de crear otras inteligencias artificiales. Es por eso que todos los pronósticos señalan que en 2019 un ordenador de mil dólares tendrá la capacidad computacional de un cerebro humano.

Para el creador de PayPal este proyecto conseguirá que no nos convirtamos en “las mascotas” de la IA y su idea es crear una “interfaz directa al córtex”, y evitar teclados, pantalla, ratones y discos duros externos. Nos conectaríamos a la red directamente con el pensamiento, podríamos descargar o subir archivos. Adiós a los fallos de memoria.

Bryan Johnson, uno de los fundadores de Braintree (empresa subsidiaria de Pay-Pal) invirtió 100 millones de dólares y creó la firma Kernel, enfocada en desarrollar neuroprótesis que primero sirvan para tratar enfermedades neurodegenerativas para que permitan “reescribir nuestro código neuronal”. Para Johnson esto es posible, ya que “primero fue nuestra biología, luego la genética… lo próximo que podremos programar será nuestro código neuronal”.

El problema con estos avances es: ¿Qué pasará cuando haya un procesador más potente? Estas empresas están trabajando en dispositivos para poner o conectar directamente en nuestro cerebro. Douglas Smith, hace todo lo contrario: que nuestro cerebro vaya a los microchips. Smith es neurocientífico de la Universidad de Pensilvania y creador del ratón avatar y ha desarrollado un sistema para alargar los axones, las autopistas de nuestro cerebro, encargados de conectar las neuronas. Lo primero que descubrió fue que los axones estirados funcionan mejor que los normales. Y lo siguiente es que podía hacer que sobrevivieran fuera del cráneo. “Ahora mismo –explica Smith en entrevista– investigamos en transferencia de memorias. Queremos ver qué ocurre cuando conectamos un cerebro a una interfaz, qué ondas se transmiten”.

La tecnología que proponen Musk, Johnson o Facebook entre otros es muy probable que ocurra próximamente. Los avances son tan rápidos que aún no hemos tenido tiempo de considerar seriamente las consecuencias. La primera de ellas es que los microchips son cada vez más potentes e insertarse algo que en dos años puede ser obsoleto en el cerebro, es algo que entraña mucho riesgo.

Será necesario actualizar los avances. ¿Dónde se llevarán a cabo? ¿A cargo de quien estarán? ¿Se harán de forma remota o presencial? Y el otro aspecto, igual de importante es la seguridad. Si nuestro cerebro va a estar conectado a internet, el potencial de ser hackeados es real. ¿Cómo podemos estar seguros de que los antivirus serán efectivos? Si ya es posible hackear un coche y no se descarta la posibilidad de intervenir en un avión sin siquiera subirse a él, ¿qué impedirá que alguien le dé órdenes a nuestro cerebro?

Via La Razón