«Me quedé sin aliento cuando entré en aquella habitación y vi a los heridos. Había mujeres y niños paralizados, otros heridos no podían respirar, tosían o echaban espuma por la boca, se estremecían», explicó ayer por teléfono a LA RAZÓN Ibrahim, un activista de la localidad de Sermin, en Idlib. Este auxiliar de enfermería se desplazó el martes a ayudar a los heridos de Jan Sheijun porque los servicios de emergencia estaban desbordados. «No había suficiente personal sanitario para asistir a las víctimas», añadió Ibrahim, antes de agregar que lo más duro fue ver cómo una niña pequeña no paraba de llorar porque no podía respirar».

El ataque costó la vida de al menos 23 niños, según un balance de la Unión de Organizaciones de Asistencia Médica y de Socorro (UOSSM), que informó de que ya ha identificado «con nombres y apellidos» a 74 de las aproximadamente cien víctimas mortales confirmadas. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH) aseguró que entre las víctimas también hay 17 mujeres y que «el número aún podría aumentar porque todavía hay personas desaparecidas». El número de heridos oscila entre 200 y 400.

Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó que hay «signos compatibles con una exposición a agentes neurotóxicos». Este anuncio constata lo anunciado por miembros del personal sanitario en el terreno, que aseguraron que los síntomas de los pacientes son similares a los producidos por un ataque químico: pupilas dilatadas, convulsiones y espuma saliendo de la boca. En la misma línea, un equipo de Médicos Sin Fronteras (MSF) que presta apoyo al servicio de urgencias del hospital de Bab Al Hawa, en la provincia de Idlib, confirmó que los síntomas de los pacientes son compatibles con la exposición a un agente neurotóxico como el gas sarín. «Estos informes apuntan con firmeza a que las víctimas del ataque a Jan Sheijun estuvieron expuestas a, al menos, dos agentes químicos diferentes», indicó MSF en un comunicado. El otro elemento utilizado en los bombardeos podría ser el fósforo, según algunos expertos.

«Ocho pacientes mostraron síntomas, incluyendo pupilas dilatadas, espasmos musculares y defecación involuntaria, que son consistentes con la exposición a un agente neurotóxico como el gas sarín o compuestos similares», detalló MSF.

La reciente destrucción del hospital de referencia en la zona hizo que en los minutos posteriores a los bombardeos muchas personas no supiesen dónde ir. Los heridos terminaron repartidos en distintos centros y también en casas de los vecinos. Además, las labores de rescate fueron muy lentas: incluso doce horas después del ataque siguieron localizándose víctimas, como por ejemplo una familia completa –padre, madre e hijos– hallada sin vida en un sótano por los Cascos Blancos. Algunos de los afectados fueron trasladados al hospital de Bab Al Hawa, situado a cien kilómetros al norte y cerca de la frontera con Turquía. Otras 35 víctimas «en situación crítica» habrían sido llevadas a hospitales turcos, según informó la UOSSM.

Lo ocurrido amenaza con hacer aún más frágil la tregua en vigor en Siria desde el 30 de diciembre de 2016, que ya ha sido violada casi a diario por los bombardeos del régimen en varios bastiones rebeldes y combates entre los insurgentes.

via La Razón España