La televisión pública France2 ha renunciado a organizar el último debate antes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, que debía celebrarse el 20 de abril. La experiencia del primer debate a once les ha llevado a proponer entrevistas individuales, una propuesta que los interesados todavía no han aceptado.

Los únicos que han protestado por la anulación del debate son los que menos tienen que perder, comenzando por el candidato socialista, Benoît Hamon, que registra menos de un 10% (9,5) de intención de voto, y que lamenta que « el servicio público audiovisual haya cedido a la presión ».

Pero para los favoritos en las encuestas, el ejercicio de un debate a once es arriesgado como pudo comprobar Marine Le Pen la noche del martes.

La líder del Frente Nacional tenía frente a ella a otros candidatos que le disputaban el terreno anti-europeo, algunos con propuestas más radicales, como la de François Asselineau, favorable a una salida inmediata de Francia de la Unión Europea, mientras que Le Pen promete someter a un referendum la permanencia o no de Francia en la UE.

Pero el mayor peligro para la presidenta del Frente Nacional es que le recuerden sus problemas con la justicia, como hizo el candidato del Nuevo Partido Anticapitalista, Philippe Poutou, que reprochó a Le Pen el presentarse como candidata antisistema cuando en realidad se ampara en el sistema para no acudir a la convocatoria de los jueces que la investigan por diversos affaires. La frase de Putou diciendo que Le Pen se ampara en su « inmunidad parlamentaria », mientras que los trabajadores no pueden invocar la « inmunidad obrera » cuando la policía reclama su presencia, fue la que más mella hizo en los telespectadores, y la más comentada ayer.

Del sondeo elaborado elaborado para BFMTV tras el debate emitido por la cadena de información, se desprende que una intervención de este tipo desdibuja el mensaje de Marine Le Pen y despierta dudas entre su electorado. Sólo un 11% de los telespectadores consideraron su intervención convincente, mientras el último sondeo realizado antes del debate por Ifop-Fiducial le otorga un 25% de intención de voto, justo por delante del candidato socio-liberal Emmanuel Macron.

Además, un nuevo debate supondría para Marine Le Pen el tener que responder a las nuevas investigaciones abiertas a las personas de su entorno. La última, una investigación preliminar abierta a su director de campaña, David Rachline, acusado de haber sido contratado por el consejo regional de Nord-Pas-de-Calais, en el norte de Francia, durante tres meses cuando al mismo tiempo era consejero regional de la región Provence-Alpes-Côte d’Azur, al sur del país.

Esta investigación se suma a otras. El Parlamento Europeo sospecha la existencia de empleos ficticios entre los asistentes parlamentarios del Frente Nacional y la justicia francesa ha abierto una investigación para saber si el partido de Le Pen ha organizado un sistema para pagar a los empleados del partido con fondos públicos de la UE. En este caso, la antigua asistente de Marine Le Pen, ha sido inculpada, pero ella no ha acudido a la convocatoria de los jueces protegida por su inmunidad parlamentaria

La financiación de varias campañas electorales del FN en 2012 ha llevado a la apertura de dos investigaciones en las que han desembocado en una decena de inculpaciones. Y si Le Pen no aparece implicada en estas últimas, la justicia investiga sus declaraciones de patrimonio porque considera que ha habido una infravaloración de ciertos bienes inmobiliarios. A todo esto se suma la investigación abierta por la justicia rusa en torno a un préstamo bancario de 9 millones de euros otorgado por un banco ruso en 2014, y cuyo reembolso es reclamado.

Philippe Poutou es el único candidato obrero a las presidenciales. Trabaja como reparador de maquinaria en la fábrica Ford de Burdeos. En su programa defiende la semana laboral de 32 horas, el salario mínimo a 1.700 euros o la acogida de todos los inmigrantes. Con sus aires de falso inocente, sabe manejar con gran habilidad el humor y las frases asesinas. « Quitando Nathalie Arthaud, soy el único aquí que tiene un trabajo normal », asestó como entrada para diferenciarse del resto de los candidatos. Y no fue la única forma de marcar diferencias: no quiso participar en la foto de familia que se hicieron el resto de candidatos antes de iniciar el debate, y optó por una vestimenta deportiva, frente a la formalidad de la chaqueta y corbata de sus contrincantes.

via La Razón España