El frágil equilibrio geoestratégico

Los constantes errores cometidos en la política interior por el presidente Donald Trump contrastan con la importancia estratégica y el alcance diplomático de su primera decisión en la política de Defensa: el ataque y destrucción de la base aérea siria de Shayrat como respuesta al uso de armas químicas por las tropas de Bachar Al Asad, ya confirmado por las autoridades turcas.

Sin duda, las consecuencias de la acción militar adoptada por Washington trascienden ampliamente el debate inicial sobre su proporcionalidad, legalidad internacional y legitimidad política.

Desde el punto de vista estrictamente militar, el objetivo elegido y la destrucción provocada por los misiles norteamericanos ha ocasionado una grave reducción de la fuerza aérea del régimen sirio, lo que debilita tácticamente la cobertura de sus tropas terrestres, mejora coyunturalmente la protección de la población civil y convierte a su aliado ruso en el principal responsable de la protección del espacio aéreo en aquellas zonas donde operan las fuerzas de Damasco.

Pero mucho más importante que estos efectos tácticos es el alcance político y estratégico de la decisión del presidente Trump. Una decisión adoptada con el aval de los aliados de la OTAN. El mensaje enviado al Kremlin ha sido claro, directo y contundente: cualquier intento del régimen sirio de cambiar el precario equilibrio estratégico sobre el terreno mediante el recurso a armas de destrucción masiva, será respondido por Estados Unidos, con o sin resolución del Consejo de Seguridad.

Sin embargo, más allá de las protestas oficiales y de las iniciativas diplomáticas, como la solicitud de una reunión del Consejo de Seguridad, es muy poco probable que Moscú adopte medidas de represalia militar que provoquen un enfrentamiento con las fuerzas aéreas norteamericanas y una escalada en la guerra de Siria, simplemente para proteger el uso de armas químicas por el dictador sirio.

El presidente ruso Vladimir Putin es consciente de que existen límites estratégicos en su relación con las potencias occidentales que no pueden ser ignorados sin que se vea seriamente comprometida su posición internacional y su propia seguridad nacional. Dichos límites han sido también respetados por la Casa Blanca cuando evitó la escalada militar en su enfrentamiento con Rusia tras su intervención en Georgia o su anexión de Crimea.

Es cierto que la decisión rusa de suspender el acuerdo operativo aéreo con Estados Unidos sobre el espacio sirio entraña un riesgo de enfrentamiento directo entre aviones de ambos países. Ello no devuelve a la situación existente al inicio de la intervención rusa en la guerra. No obstante, y por paradójico que pueda resultar, es más probable que la respuesta militar de Estados Unidos contribuya a medio plazo a clarificar y potenciar la dinámica de disuasión militar mutua mantenida entre rusos y americanos en la Guerra Civil siria y con ello a facilitar los avances en la negociación del acuerdo político que le ponga fin.

Ello es así porque, como ha demostrado la trayectoria presidencial de Putin, el Kremlin da más credibilidad a las acciones unilaterales de fuerza, como argumento último de las reclamaciones de seguridad nacional de las potencias, que a las medidas de presión diplomática y económica.

Además, el hecho de que la iniciativa se haya adoptado durante la visita a Washington del presidente chino Xi Jinping, refuerza la credibilidad del ultimátum lanzado por el presidente Trump sobre una posible intervención unilateral contra el programa nuclear militar de Corea del Norte, en el caso de que las autoridades chinas se resistan a forzar al régimen de Kim Jong Un a detenerlo.

Por último, la iniciativa militar del presidente Trump contribuirá a reducir el tenso enfrentamiento que mantiene con la comunidad de inteligencia, a raíz de las relaciones de miembros de su equipo con las autoridades rusas, en la medida en que acentúa la tensión con Moscú y, por esta vía, se mina directamente la colaboración económica y política con el presidente Putin.

Como se puede apreciar, el ataque militar norteamericano trasciende el debate sobre las armas químicas en la guerra de Siria para adentrarse en el campo más amplio y complejo de la política estratégica mundial. Cabe preguntarse si este ataque será un acto aislado del presidente Trump o el inicio de la nueva Política Exterior y de Defensa de Estados Unidos.

via La Razón España

Abril 7th, 2017 by
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