El presidente Donald Trump no vaciló al felicitar a sus soldados en el primer operativo de su Administración en Siria. «Enhorabuena a nuestros excelentes hombres y mujeres del Ejército por representar a Estados Unidos, y al mundo, tan bien en el ataque en Siria», escribió en Twitter. Y es que el presidente estadounidense todavía saboreaba las mieles del unánime respaldo occidental a su «acción limitada» en Siria como respuesta al ataque químico de Bachar al Asad contra la población civil de Idlib. Al mismo tiempo, su representante ante Naciones Unidas, Nikki Haley, advertía de que podrían imponer nuevas sanciones al régimen así como que acciones como la de la madrugada del viernes podrían repetirse. Mientras, en el Pentágono, se investiga si Rusia ha participado también en el ataque químico del martes al ser una fuerza esencial en la maquinaria del régimen contra los rebeldes sirios.

De momento, lo que queda claro es que la política de Trump en Siria, el cual en un principio criticó una posible intervención militar de Estados Unidos durante la Administración Obama, ha dado un golpe de timón. Las consecuencias todavía son inciertas. «Soy un hombre muy flexible y estoy muy orgulloso de ello», indicó en referencia a que había modificado sus postura ante la situación. Quien no es tan flexible es Vladimir Putin, quien ya ha condenado la decisión de Trump y la luna de miel entre ambos presidentes podrían llegar a su fin. De hecho, Rusia, que junto con Irán ha respaldado a Asad en esta guerra, ya ha advertido de que ayudará a Damasco a relanzar su defensa aérea. Con ello, manda un mensaje claro a Washington ante futuras intervenciones. Incluso ha amenazado con cancelar las comunicaciones entre ambas capitales para evitar colisiones en el aire sirio durante sus respectivas misiones.

En Tampa (Florida), desde donde se controla la operación contra los terroristas del Estado Islámico en Raqa (Siria) y Mosul (Irak), sus dos últimos bastiones, no se teme que se vea afectada. Sin embargo, sí están muy pendientes del apoyo de Moscú a Asad, el cual no es incondicional. El presidente Vladimir Putin está interesado en mantener su relación con Siria, aunque no tiene que ser con Asad al frente de dicho país.

Al mismo tiempo, hay dudas sobre el futuro de las relaciones entre Moscú y Washington. Dentro de unos días, será crucial el tipo de recibimiento que tenga el jefe de la diplomacia Rex Tillerson cuando viaje a Rusia. En parte, dependerá de si Estados Unidos continúa con sus ataques o, incluso, si decide intervenir en contra de Asad. Entonces, una de las principales preocupaciones del ex general James Mattis, jefe del Pentágono, es que en la posible operación puedan caer un avión o soldados rusos lo que desataría una crisis internacional de dimensiones insospechadas.

Lo que siempre ha frenado a todos los que se oponen al presidente sirio es quién será su sucesor en caso de que sea depuesto. Desde el principio, esta circunstancia siempre evitó que la Administración Obama se decidiese por una posible intervención en Siria sobre todo después de lo ocurrido en Irak y Libia.

Lo que de momento está claro es la buena acogida del bombardeo sirio que ha servido para dejar de lado por un momento el hecho de que Trump había tocado mínimos en popularidad, con un 36 %. Con la nueva escalada militar en Siria, que podría evolucionar hacia una estrategia más intervencionista en esa guerra civil, también se han acallado las investigaciones sobre si la campaña de Trump se coordinó con emisarios del presidente ruso, Vladimir Putin, para minar las posibilidad de que la candidata demócrata, Hillary Clinton, se impusiera en las elecciones. En lo que también se centra ahora Trump es en poner fin a las rencillas internas en su equipo, especialmente entre Steve Bannon, exjefe de campaña del presidente y el promotor de su lado más populista y aislacionista, Rience Priebus, jefe de gabinete, y su yerno, Jared Kushner, erigido como referente en política exterior y en «halcón», pese a su inexperiencia.

via La Razón España