El clan que convirtió la revolución en un negocio familiar

Durante años, Fidel Castro evitó implicarse en la lucha sandinista contra la dictadura en Nicaragua temiendo que sus líderes acabaran apuñalándose unos a otros por la espalda. Hasta que en 1978 Daniel Ortega lo convenció en una sola reunión de apoyar al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), sumando el respaldo del cubano a la larga lista de alianzas con la que llegaría a ser la cara más visible del derrocamiento de Anastasio Somoza el 19 de julio de 1979.

Cuatro décadas después y con 73 años, Ortega se ha convertido en uno de los líderes más temidos de América Latina. Ha conseguido instaurar una «dictadura familiar» de la mano de su esposa y compañera de fórmula Rosario Murillo, tras el golpe de suerte que lo llevó de vuelta al poder en 2007 y ha violado la Constitución, manipulado la Justicia y amañado el sistema para lograr su reelección en 2011. En 2016, simplemente aniquiló a la oposición al ilegalizarla. Ahora controla los tres poderes, y el Supremo dicta a su antojo. Sin embargo sabe jugar bien sus cartas. Ha logrado el difícil equilibrio de renovar la esperanza de los pobres sin espantar a los ricos, combinando conservadurismo económico y sensibilidad social. Supo pactar con el diablo pero también dar lo justo a las clases más pobres. Ortega negoció a la vez millonarios fondos a través una alianza izquierdista con el fallecido Hugo Chávez, al tiempo que cortejaba al capital internacional. Buscó relajar la tensión con Washington sin abandonar sus nexos con Rusia, China e Irán.

Con varios de sus siete hijos en puestos clave del Estado y los medios, diversos periodistas han denunciado que el matrimonio presidencial posee negocios en medios de comunicación, turismo y el sector agropecuario que son gestionados por los hijos. El más lucrativo fue Albalinisa, dedicado a la exporación de alimentos a Venezuela.

via La Razón España

abril 22nd, 2018 by
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