Trump declara la guerra comercial

Wall Street reaccionó con pesimismo y una bajada de 250 puntos no bien se supo que Donald Trump dio su visto bueno a implementar las tarifas contra el acero y el aluminio de la Unión Europea, Canadá y México. Una declaración de guerra comercial que, a partir de los aranceles del 25 y el 10% a las importaciones de los metales, provocó la inevitable respuesta de sus aliados. Así, tanto Canadá como México y la UE anunciaron gravámenes a los productos estadounidenses.

Las amenazas de sus socios, sin embargo, no causaron excesiva preocupación en Washington, muy tranquilo ante lo pueda venir. «No son más que bips en la pantalla del radar», respondió el secretario de Comercio, Wilbur Ross, en el programa de la NBC Squawk on the Street. «No creo que cambien los fundamentos de la relación. Todo el mundo tiene disputas de vez en cuando, cada familia lo hace, cada país lo hace con los demás, no hay nada extraño en eso. Creo que todos superarán esto a su debido tiempo». En su opinión, las posibles pérdidas que ocasionarán las represalias europeas apenas constituyen una gota para la economía estadounidense. «Una caída de 170 puntos» –la que se producía en esos momentos–, añadió, «no es en cualquier caso muy catastrófica. Naturalmente, el mercado tendrá que ajustarse. Pero los mercados se ajustan a los hechos». Preguntado por las negociaciones del Nafta, comentó que se están prolongando «más de lo que esperábamos». En su opinión, y basándose en lo que definió como cuestiones de seguridad nacional, dicho retraso «no justifica mantener la exención de las tarifas [al acero y el aluminio]».

Otra opinión muy distinta es la de los expertos. Según Rufus Yerxa, presidente del Consejo Nacional de Comercio Exterior, «por primera vez en generaciones hemos tirado por la borda las reglas de las que disponíamos con nuestros mejores socios. No podemos esperar que actúen como hicieron siempre con nosotros si eliminamos esas reglas. Esto significa que todo, desde los aviones hasta la agricultura, sufrirá las consecuencias». No se trata sólo de que las exportaciones estadounidenses puedan verse afectadas. El temor estriba también en la posibilidad, denunciada por muchos economistas, que el encarecimiento de las materias primas con nutren, entre otras, a la industria automovilística, acabe por encarecer los productos dentro de EE UU. Otros analistas lo interpretan como una forma de forzar las negociaciones en marcha.

Además, el problema añadido de que éste no es el único frente comercial abierto por la Casa Blanca, que aprovechó para anunciar que los aranceles previstos para China entrarán en vigor el 15 de junio. Siempre y cuando no haya un cambio de rumbo en los próximos días en un diálogo que podría detener la previsible guerra comercial. Al respecto cabe recordar que hace apenas un mes el secretario del Tesoro de EE UU, Steven Mnuchin, declaró que habían «acordado un marco que incluye un acuerdo para reducir sustancialmente el déficit comercial aumentando las compras de bienes [por parte de China]». Vuelve, de nuevo, el fantasma de los posibles aranceles de más de 130.000 millones de dólares a los productos chinos. Por si acaso, y con la vista puesta en la inminente visita de Rosso a Pekín, el portavoz del Ministerio de Comercio chino, Gao Feng, dijo que espera «que la cooperación económica y comercial beneficie a ambos países».

Unas negociaciones que se prevén tan infartadas como las que EE UU mantiene con Corea del Norte sobre la desnuclearización de la península. En el mejor estilo de un Trump acostumbrado a resolver las crisis económicas de sus empresas mediante envites casi suicidas. Fracasa, en cualquier caso, la diplomacia desplegada durante meses tanto por la UE como por algunos de sus principales protagonistas. Así, ni la visita de Macron, ni el viaje fugaz de Merkel, parecen haber ablandado la voluntad antiglobalizadora de Trump.

via La Razón España

mayo 31st, 2018 by
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