Masaya se alza en armas contra Ortega

Fuerzas «combinadas» del Gobierno de Nicaragua amenazaron ayer con invadir la ciudad de Masaya, que el lunes se declaró «libre de dictadores». Esta localidad situada a 30 kilómetros de Managua se ha convertido en el búnker de la resistencia antigubernamental. En 1979 fue un bastión de la lucha contra la dictadura de Anastasio Somoza y ahora se ha vuelto a rebelar contra el presidente Daniel Ortega. Primero echaron al alcalde, después encerraron a los policías en el cuartel y ahora se han fortificado tras un centenar de barricadas. «Queremos hacer una junta de gobierno porque ahorita Masaya no tiene gobierno», indicó Christian Fajardo, uno de los líderes de la revuelta. Los jóvenes encapuchados con banderas y armados con estacas aseguran que mantendrán bloqueadas las calles hasta que Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, «abandonen el poder».

La respuesta gubernamental no se hizo esperar. Policías, antimotines y «parapolicías» encapuchados atacaron ayer un bloqueo en una carretera cerca de Masaya levantado por decenas de jóvenes que se defendieron únicamente con morteros artesanales. Después de desbloquear este tramo de la vía, una parte de las fuerzas del Gobierno se dirigió hacia Masaya, donde, según el presidente de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos, Álvaro Leiva, tendrían planificado hacer «una carnicería». «Al Gobierno de Nicaragua y a la Policía Nacional les ruego que detengan el ataque a la ciudad de Masaya. Más muertos y detenidos lo único que hará es estancar más la solución pacífica a este conflicto», insistió Leiva.

El temor de Ortega es que el modelo adoptado por Masaya se extienda a todo el país. El bastión, que tiene una población de 100.000 habitantes, la mayoría artesanos y pequeños agricultores, está virtualmente paralizada; no funciona ninguna autoridad civil ni la Policía. Vallas improvisadas y murallas de sacos impiden salir a los agentes.

Mientras, el Ejército del país ha declarado que no reprimirá las protestas ciudadanas y que su papel es de proteger objetivos vitales para el funcionamiento del país. Sin embargo, no se descartan nuevos ataques por parte de bandas paramilitares y turbas adeptas al régimen contra los manifestantes opositores.

La protesta encabezada por estudiantes contra la reforma de la Seguridad Social anunciada por el Gobierno se extendió a otros sectores por la dura represión del régimen. En dos meses ha dejado un saldo de 180 muertos y más de 1.000 heridos. El Gobierno ha dado muestras esquivas sobre sus verdaderas intenciones. Tiende la mano del diálogo y reprime al mismo tiempo a los manifestantes.

via La Razón España

junio 19th, 2018 by
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