Coronavirus da un respiro a la Tierra

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Los canales de Venecia son azules y verdes, ni los más viejos los recordaban así, como están ahora, hábitat de peces y algas, vacíos de visitantes y barcos tras décadas de presión turística imparable. En el otro lado del planeta, ese montón de mascarillas ensartadas en un cable es la ‘pesca’ que el grupo conservacionista OceansAsia hizo hace dos semanas en las playas de Soko, un pequeño archipiélago deshabitado frente a la región administrativa especial de Hong Kong, en China, donde llevan a cabo rastreo de microplásticos y acumulación de basura. Hasta entonces, sus visitas se habían saldado con esporádicos encuentros con estos objetos, pero en esta ocasión fue diferente, ya que la recolecta estuvo dominada por estas protecciones habituales hoy en nuestras vidas: «Estaban visibles por toda la línea de marea alta y con la corriente seguían llegando – explican–. Debido al COVID-19, hemos tomado la precaución de usar máscaras quirúrgicas. Cuando de repente tienes una población de 7,5 millones de personas (los habitantes de Hong Kong) usando una o dos máscaras por día, la cantidad de basura generada será considerable». Son dos de los efectos con los que el coronavirus se está dejando sentir en el planeta. Uno negativo, y en este caso comprensible. Pero, en general, el parón por la crisis está teniendo para el medioambiente benecios visibles. «El nivel de residuos sanitarios de todo tipo generados durante el transcurso de esta pandemia será excepcionalmente elevado –explica Mario Rodríguez, director de Greenpeace España–. Aunque evidentemente es inevitable y no queda otra para poder atajarla garantizando la seguridad de los afectados, del personal sanitario, de quienes nos facilitan el acceso a la alimentación y los servicios básicos. A los que tenemos que estar eternamente agradecidos». Considera que este de las mascarillas es un hecho excepcional y que sería mucho más importante dejar de ver en el mar y las costas «residuos plásticos de usar y tirar procedentes de sectores como la alimentación».

En realidad, la crisis del coronavirus y las decisiones adoptadas para frenar su propagación –un drama que ya ha costado miles de vidas– han supuesto un pequeño respiro para nuestro planeta y, por consiguiente, también para los seres humanos y el resto de animales y plantas. Una bocanada de aire fresco en forma de parón de las actividades que generan los gases de efecto invernadero que calientan la Tierra y que nos están abocando a un futuro de catástrofe, según los cientícos, que llevan años alertando de que debemos parar. Y eso es lo que ha pasado, aunque el frenazo no haya sido fruto de las decisiones consensuadas de los gobiernos, sino de algo completamente azaroso como la irrupción de esta pandemia poco después de que se acallaran los ecos de la enésima cumbre mundial por el clima clausurada en Madrid sin grandes logros. Contaminación y CO2 Las primeras buenas noticias fueron las imágenes por satélite de China, un antes y un después registrado por la NASA y la Agencia Espacial Europea de un mismo mapa, que en enero mostraba grandes zonas anaranjadas afectadas por dióxido de nitrógeno (NO2), gas tóxico que causa o agrava problemas respiratorios como el asma y que está producido por la quema de combustible de vehículos e industrias. Un mes más tarde, tras el parón obligado, el mapa aparecía limpio, azulado, evidenciando la bajada del 37% en este tipo de emisiones.

También llegan buenas noticias desde mucho más cerca: «Ha transcurrido una semana desde el anuncio del estado de alarma y los datos son rotundos –avanza Rodríguez–: «la reducción del 60% del tráco rodado en Madrid y Barcelona ha provocado el desplome de sus niveles de contaminación; los valores medios de NO2 apenas han alcanzado esta semana el 40% del límite jado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Unión Europea (UE). Por lo que, las circunstancias excepcionales en la crisis del COVID-19 pueden servir de aprendizaje para reducir las miles de muertes que la mala calidad del aire provoca en España cada año». De la misma forma, han descendido las emisiones de CO2, principal causante del calentamiento global, y aunque no hay datos globales que permitan saber el impacto que está teniendo el coronavirus en este ámbito, sí hay apuntes locales: en el caso de China, según Carbon Track, durante el pico de la epidemia, las emisiones de gases de efecto invernadero se redujeron un 25% y el gigante asiático dejó de emitir 100 millones de toneladas de CO2. «Lógicamente –considera Rodríguez– la ralentización de la actividad económica en general, aunque no sea homogénea y varíe según los países, traerá consigo una reducción de emisiones. Esta será coyuntural y acotada en el tiempo, pero tendrá un enorme valor, ya que indicará que es posible abordar la emergencia climática con la rapidez y la contundencia que requiere. La sociedad está demostrando que ante situaciones de emergencia responde con responsabilidad, madurez y solidaridad». En cuanto a la generación de basura doméstica, los expertos no saben si podría darse una reducción signicativa o, al contrario, un balance nal neutro o aún mayor que antes, ya que la basura que deja de generarse en los lugares de trabajo se puede incrementar en los hogares. «En el caso del plástico probablemente no habrá cambios en el sector de la alimentación, ya que el absurdo modelo de consumo que abusa del plástico de usar y tirar, especialmente en el sector de la alimentación y los supermercados, permanecerá inalterado. Hasta podría ocurrir que aumentaran los residuos plásticos por las compras masivas, que están llegando a ser compulsivas, aunque habrá una reducción signicativa en sectores como el textil, ocio, restauración…».

Concienciación Confía el experto en que el periodo de connamiento ha podido llevar a la gente a la conclusión de que es necesario repensar el modelo de vida actual: «Quizás tras esta crisis se pueda producir una expansión de los supermercados cooperativos, comercio de proximidad y otras iniciativas respetuosas con el medio ambiente. Lo estamos viviendo estos días: personas que se ofrecen a ir a buscar comida, clases y talleres multitudinarios a través de internet, voluntariado para asistencia a personas mayores o dependientes…». En cualquier caso, resalta el experto la importancia de que la comunidad cientíca y los gobernantes sigan analizando el impacto que la crisis medioambiental (el calentamiento, la deforestación…) pueda tener en «acentuar la propagación de pandemias como la que estamos viviendo».

60%: Plásticos: 25% Epidemias: En su contexto ha caído el tráfico rodado en Madrid y Barcelona desde el inicio del parón por la crisis, lo que ha supuesto que los valores del gas contaminante NO2 caigan por debajo del 40% del límite fijado por la OMS y la UE. Sin cambios en el sector de alimentación con las compras masivas, pero sí en el del ocio, textil… cayeron las emisiones de CO2 en China en el pico de la epidemia, con lo que el país dejó de verter a la atmósfera 100 millones de toneladas de este gas de efecto invernadero. Se debe estudiar el impacto del cambio climático en la propagación de enfermedades y plagas

Las dos crisis se parecen mucho Para Greenpeace, ambas crisis, la del coronavirus y la climática, tienen muchos elementos en común. El primero, que ambas son globales y sus impactos, exponenciales, aunque el cambio climático tiene una línea temporal más larga y su ámbito es todavía mayor (no solo afecta a la salud de las personas sino también a la del planeta). Las dos incrementan las desigualdades, siendo los más vulnerables los más afectados: trabajadores con empleos precarios y/o en situación de desempleo, mujeres, los más mayores, dependientes, personas en situación irregular… «Ninguna de ellas ha tenido tenido la responsabilidad en causar el problema, pero soportan con más dureza las consecuencias». Estas crisis globales no se pueden abordar individualmente sino que requieren de medidas globales, «desde la cooperación internacional y con políticas preventivas que nazcan del consenso político y social. Lo que decida cada país afecta a los demás, y la solución que apliquen todos debería ir en la misma dirección»